Antiguo Testamento · Profetas menores
Zacarías
Zacarías y otros
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- Exigente
De qué trata
La primera parte (capítulos 1-8) recoge las visiones nocturnas del profeta Zacarías, fechadas en el 520-518 a. C.: jinetes, cuernos, un candelabro, un rollo volador, una mujer encerrada en un recipiente. Todas animan a reconstruir el templo y a restaurar Jerusalén. La segunda (9-14) es una colección anónima de oráculos sobre un rey humilde, un pastor rechazado y la batalla final por Jerusalén.
Por qué importa
Es el profeta más citado en los relatos de la pasión de Jesús: el rey que entra en Jerusalén montado en un asno, las treinta piezas de plata, el pastor herido y «mirarán a mí, a quien traspasaron». Sus visiones simbólicas, explicadas por un ángel, anticipan el Apocalipsis de Juan. Su frase «no con ejército, ni con fuerza, sino con mi espíritu» se ha convertido en lema.
Para quién es
Para lectores con interés por la literatura simbólica y por el trasfondo de los evangelios. Las visiones son enigmáticas y la segunda parte es de las más oscuras de la Biblia.
Alégrate mucho, hija de Sión; da voces de júbilo, hija de Jerusalem: he aquí, tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, así sobre un pollino hijo de asna. (9:9)
Personajes
- Zacarías
- Profeta y sacerdote del regreso del exilio, que apoyó la reconstrucción del templo con una serie de visiones nocturnas.
- Berechîas
- Padre de Zacarías según el título, ausente en otras genealogías del profeta.
- Iddo
- Abuelo de Zacarías, cabeza de una familia sacerdotal que volvió de Babilonia.
- Darío
- Darío I de Persia, cuyos años sirven para fechar las visiones.
- Zorobabel
- Gobernador de Judea de linaje davídico, encargado de terminar el templo «no con ejército, ni con fuerza».
- Josué
- Sumo sacerdote al que el profeta ve purificado y coronado.
- Satán
- «El adversario», acusador del sumo sacerdote en la corte celestial.
- Hadrach
- Región de Siria, al norte, con la que comienza el oráculo de la segunda parte.
- Damasco
- Capital de Siria, incluida en el oráculo contra los pueblos vecinos.
- Tiro
- Ciudad fenicia, rica y fortificada, cuya caída se anuncia.
- Grecia
- Pueblo contra el que Dios levantará a los hijos de Sión, signo de una época más tardía.
- Adadrimón
- Nombre de un lugar o de un dios cuyo llanto ritual en el valle de Megiddo se usa como comparación.
- Megiddo
- Valle y ciudad del norte, asociados a batallas y duelos, como la muerte del rey Josías.
- monte de las Olivas
- Monte al este de Jerusalén que se partirá en dos cuando Dios venga a combatir.
- Uzzías
- Rey de Judá en cuyo tiempo hubo un terremoto que se recordaba siglos después.
Contexto
El autor
Los capítulos 1 a 8 se atribuyen a Zacarías, un profeta de familia sacerdotal mencionado en Esdras junto a Hageo, y casi todos los especialistas aceptan que proceden de él o de su círculo. Los capítulos 9 a 14 son muy distintos: no tienen fechas, no mencionan a Zacarías, Zorobabel ni el templo en obras, y su estilo es más apocalíptico. Ya en el siglo XVII, el erudito inglés Joseph Mede propuso que eran de otro autor, en parte porque Mateo atribuye a Jeremías la cita de las treinta monedas. Hoy se habla de un Deutero-Zacarías (9-14), a veces dividido a su vez en dos colecciones, 9-11 y 12-14, que se fechan en general en los siglos V-IV a. C., aunque hay quien las considera anteriores.
La época
Zacarías empezó a profetizar en el 520 a. C., dos meses después que Hageo, durante la reconstrucción del templo. Judea era una pequeña provincia persa gobernada a la vez por un descendiente de David, Zorobabel, y un sumo sacerdote, Josué, y el libro refleja ese doble liderazgo. La segunda parte, con su mención de los griegos y su visión de una batalla final, procede de una época en que la esperanza de un rey propio se había aplazado a un futuro indefinido.
El texto y sus manuscritos
En la Biblia hebrea, los doce profetas menores forman un solo libro, «los Doce», que ya menciona el Eclesiástico hacia el 180 a. C. En el desierto de Judea se hallaron un rollo hebreo de los Doce de comienzos del siglo II d. C., en Wadi Murabba'at, muy cercano al texto masorético, y otro en griego, de Nahal Hever (siglo I a. C.), además de varios fragmentos en Qumrán. Las copias completas más antiguas son el Códice de Alepo (c. 930) y el de Leningrado (1008). En 12:10, el texto masorético dice «a mí, a quien traspasaron», pero muchos manuscritos hebreos medievales y el evangelio de Juan dicen «a él».
Resumen completo
Contiene spoilers: cuenta toda la historia, incluido el final.
En el segundo año de Darío, Zacarías llama al pueblo a volver a Dios, a diferencia de sus padres, que no escucharon a los profetas. Siguen ocho visiones en una sola noche, explicadas por un ángel. Unos jinetes recorren la tierra y la encuentran en calma, pero Dios promete volver a Jerusalén. Cuatro cuernos, que son los imperios que dispersaron a Judá, son derribados por cuatro herreros. Un hombre que va a medir Jerusalén descubre que la ciudad no tendrá murallas, porque Dios será su muro de fuego.
En la cuarta visión, el sumo sacerdote Josué aparece con vestiduras sucias ante el ángel, y Satán lo acusa; Dios reprende a Satán y Josué es revestido de ropas limpias. En la quinta, un candelabro de oro está flanqueado por dos olivos, que son los «dos hijos de aceite», es decir, los dos ungidos: el sacerdote y el gobernador, y Zorobabel recibe la promesa de terminar el templo «no con ejército, ni con fuerza, sino con mi espíritu». Siguen un rollo volador que maldice a los ladrones, una mujer, la Maldad, encerrada en un recipiente y llevada a Babilonia, y cuatro carros que salen hacia los cuatro vientos. Después, Josué es coronado.
Los capítulos 7 y 8 responden a una consulta sobre si se debe seguir ayunando por la destrucción del templo. Dios recuerda que lo que quería era justicia y misericordia con la viuda, el huérfano y el extranjero, y promete que los ayunos se convertirán en fiestas: ancianos se sentarán en las plazas de Jerusalén y las calles se llenarán de niños jugando. Diez extranjeros tomarán del manto a un judío para ir con él, porque han oído que Dios está con ellos.
La segunda parte comienza con oráculos contra las ciudades de Siria, Fenicia y Filistea y con la llegada a Sión de un rey justo y humilde, montado en un asno, que hablará paz a las naciones. Dios armará a Judá contra los griegos y reunirá a los dispersos. En el capítulo 11, el profeta hace de pastor de un rebaño destinado al matadero, rompe sus dos cayados, «Suavidad» y «Ataduras», y recibe como salario treinta piezas de plata, que arroja en el templo.
Los capítulos 12 a 14 describen el día final. Todas las naciones atacarán Jerusalén, pero Dios la hará piedra pesada. Sobre los habitantes de la ciudad se derramará un espíritu de gracia, «y mirarán a mí, a quien traspasaron», con un llanto como el de Adadrimón en el valle de Megiddo. Se abrirá una fuente para lavar el pecado, desaparecerán los profetas falsos y el pastor será herido y las ovejas dispersadas.
En el último capítulo, Dios pone sus pies sobre el monte de las Olivas, que se parte en dos, y combate contra las naciones. Brotarán de Jerusalén aguas vivas hacia los dos mares, y Dios «será rey sobre toda la tierra». Los supervivientes de las naciones subirán cada año a la fiesta de las Cabañas. Hasta las campanillas de los caballos llevarán la inscripción «Santidad a Jehová», y ya no habrá «Cananeo», es decir, mercader, en la casa de Dios.