Antiguo Testamento · Profetas menores
Sofonías
Sofonías
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De qué trata
Sofonías anuncia el «día de Jehová», un juicio universal que arrasará la tierra y castigará a Jerusalén por su idolatría y su indiferencia. Luego pronuncia oráculos contra los pueblos vecinos y contra la propia ciudad. Termina con la promesa de un pueblo humilde y purificado, y con un canto de alegría.
Por qué importa
Su descripción del «día de ira» inspiró el *Dies irae*, el himno medieval sobre el juicio final atribuido a Tomás de Celano, que forma parte de los réquiems de Mozart y Verdi y se cita en la música de cine. Es uno de los textos que más contribuyeron a la imagen occidental del fin del mundo.
Para quién es
Para quien quiera conocer el origen de la imagen del juicio final. Es corto y su lenguaje es directo, aunque sombrío casi hasta el final.
Día de ira aquel día, día de angustia y de aprieto, día de alboroto y de asolamiento, día de tiniebla y de oscuridad, día de nublado y de entenebrecimiento, (1:15)
Personajes
- Sofonías
- Profeta de Jerusalén en tiempos del rey Josías, quizá de linaje real.
- Cushi
- Padre de Sofonías; su nombre significa «cusita» o «etíope».
- Ezechîas
- Tatarabuelo de Sofonías según el título, quizá el rey Ezequías de Judá.
- Josías
- Rey de Judá (640-609 a. C.) en cuyo reinado profetizó Sofonías.
- Baal
- Dios cananeo cuyo culto, aún presente en Jerusalén, el profeta anuncia que será exterminado.
- Gaza
- Ciudad filistea, la primera de las naciones vecinas condenadas.
- Moab
- Reino del otro lado del mar Muerto, que quedará «como Sodoma».
- Ammón
- Pueblo vecino de Moab, que quedará «como Gomorra».
- Nínive
- Capital de Asiria, que el profeta ve convertida en desierto.
- Sión
- Jerusalén, a la que el final del libro invita a cantar de alegría.
Contexto
El autor
El libro se atribuye a Sofonías, hijo de Cushi, que profetizó en tiempos de Josías. Su genealogía, inusualmente larga, se remonta a un Ezechîas que muchos identifican con el rey Ezequías, lo que haría del profeta un miembro de la familia real, aunque no es seguro. Se suele aceptar que la mayoría de los oráculos de juicio son suyos. Varios pasajes de esperanza, en especial el final (3:14-20), que habla de cautivos que vuelven, se consideran añadidos del exilio o posteriores.
La época
Josías reinó del 640 al 609 a. C. y, en el 622 a. C., emprendió una gran reforma religiosa que suprimió los cultos extranjeros. Como Sofonías denuncia esos cultos como vigentes, se suele fechar su predicación antes o al comienzo de la reforma. Asiria, aún en pie, empezaba a declinar, y Nínive cayó en el 612 a. C.
El texto y sus manuscritos
En la Biblia hebrea, los doce profetas menores forman un solo libro, «los Doce», que ya menciona el Eclesiástico hacia el 180 a. C. En el desierto de Judea se hallaron un rollo hebreo de los Doce de comienzos del siglo II d. C., en Wadi Murabba'at, muy cercano al texto masorético, y otro en griego, de Nahal Hever (siglo I a. C.), además de varios fragmentos en Qumrán. Las copias completas más antiguas son el Códice de Alepo (c. 930) y el de Leningrado (1008).
Resumen completo
Contiene spoilers: cuenta toda la historia, incluido el final.
El título presenta al profeta con una genealogía de cuatro generaciones, que llega hasta un Ezechîas, y lo sitúa en el reinado de Josías. El primer oráculo es devastador: Dios barrerá de la tierra a hombres y animales, aves y peces. Extenderá su mano sobre Judá y Jerusalén contra los restos del culto a Baal, los que adoran a los astros en las azoteas, los que juran a la vez por Jehová y «por su rey», probablemente el dios amonita Milcom, y los que dicen «Jehová ni hará bien ni mal».
Llega el gran día de Jehová, «día de ira», de angustia, de tinieblas, de trompeta y de alarma contra las ciudades fortificadas. Dios registrará Jerusalén con lámparas para encontrar a los que están tranquilos «sobre sus heces». Ni su plata ni su oro podrán librarlos.
El capítulo 2 invita a los humildes a buscar la justicia por si se salvan en el día de la ira. Siguen oráculos contra las ciudades filisteas de la costa, contra Moab y Ammón, que acabarán como Sodoma y Gomorra, contra los etíopes y contra Asiria: Nínive será un desierto donde duerman los animales y canten las aves en las ventanas.
El capítulo 3 vuelve a Jerusalén, «la ciudad rebelde», cuyos príncipes son leones, sus jueces lobos, sus profetas traidores y sus sacerdotes profanadores. Pero después del juicio, Dios devolverá a los pueblos «el labio limpio» para que todos lo invoquen y dejará en Jerusalén un pueblo humilde y pobre que no hará iniquidad.
El libro termina con un canto: «Canta, oh hija de Sión». Dios ha retirado el castigo, está en medio de su pueblo y «se regocijará sobre ti con cantar». Reunirá a los dispersos, curará a los cojos y hará volver a los cautivos ante los ojos de todos.