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Santiago Atribuido a Jacobo (Santiago)

Nuevo Testamento · Cartas generales

Santiago

Atribuido a Jacobo (Santiago)

c. 50–100 d. C. · Incierto (¿Judea o Siria?)

  • 13 min
  • Fácil

De qué trata

Santiago es una colección de consejos morales en forma de carta, dirigida 'a las doce tribus que están esparcidas'. Habla de soportar las pruebas, de controlar la lengua, de no favorecer a los ricos y de cuidar a huérfanos y viudas. Su idea más famosa es que la fe sin obras está muerta.

Por qué importa

Es el escrito del Nuevo Testamento más parecido a la literatura sapiencial judía, como Proverbios o el Eclesiástico, y uno de los más duros contra los ricos. Su afirmación de que 'el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe' parece chocar con Pablo. Por eso Lutero la llamó 'epístola de paja', y la carta quedó en el centro del debate entre protestantes y católicos sobre la salvación. Frases como 'sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores' pasaron al habla común.

Para quién es

Para cualquier lector: es breve, práctica y fácil de seguir, con imágenes vivas como la del timón de un barco o la del pequeño fuego que incendia un bosque. Interesa especialmente a quien quiera comparar la ética cristiana temprana con la sabiduría judía o con el Sermón del monte.

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Así también la fe, si no tuviere obras, es muerta en sí misma. (2:17)

Personajes
Jacobo
Nombre del remitente, identificado por la tradición con el hermano de Jesús que dirigió la comunidad de Jerusalén.
Jesucristo
Mencionado solo dos veces, aunque muchas máximas de la carta recuerdan sus enseñanzas.
Abraham
Patriarca usado como prueba de que la fe se demuestra con obras, por haber ofrecido a Isaac.
Isaac
Hijo de Abraham, al que su padre estuvo dispuesto a sacrificar.
Rahab
Mujer de Jericó que escondió a los espías israelitas, citada como ejemplo de fe en acción.
Job
Personaje del libro de Job, modelo de paciencia en el sufrimiento.
Elías
Profeta cuya oración, según el relato, detuvo la lluvia durante tres años y medio.
Contexto

El autor

La tradición identifica al autor con Jacobo (Santiago), 'hermano del Señor' y dirigente de la comunidad de Jerusalén, al que el historiador Flavio Josefo menciona como ejecutado hacia el año 62. Los especialistas están divididos. Unos defienden esa autoría, o la de alguien de su entorno, por el tono judío de la carta y su parecido con los dichos de Jesús. Otros creen que es obra de un autor posterior que usó su nombre: el griego es pulido, el estilo es retórico y la carta tardó mucho en ser citada. El nombre 'Santiago' viene de 'Sant Iago', forma medieval de Jacobo.

La época

Si es de Jacobo, sería de las décadas de los 40 o 50 y uno de los escritos cristianos más antiguos. Si es seudónima, pertenecería a finales del siglo I. Refleja comunidades de cristianos de origen judío, con fuertes diferencias entre ricos y pobres, trabajadores del campo explotados y una vida religiosa centrada en la conducta. Su discusión sobre fe y obras puede responder a una lectura de Pablo, o a ideas que circulaban en su nombre.

El texto y sus manuscritos

Se conserva en pequeños fragmentos de papiro del siglo III (P20 y P23) y completa en los códices Sinaítico y Vaticano, del siglo IV. Fue uno de los libros 'discutidos': no aparece en el Canon de Muratori, y Eusebio de Cesarea, en el siglo IV, dice que no todos la aceptaban. Entró definitivamente en el canon a finales de ese siglo. No presenta problemas textuales importantes.

Resumen completo

Contiene spoilers: cuenta toda la historia, incluido el final.

La carta se presenta como de 'Jacobo, siervo de Dios y del Señor Jesucristo', y se dirige a las doce tribus de la dispersión. El capítulo 1 invita a recibir las pruebas con gozo, a pedir sabiduría sin dudar y a no culpar a Dios de las tentaciones. También recuerda que la riqueza se marchita como la flor del campo y exige ser 'hacedores de la palabra'. Define la religión pura como visitar a huérfanos y viudas y guardarse del mundo.

El capítulo 2 critica que en las reuniones se dé el mejor lugar al rico y se humille al pobre. Después aborda la relación entre fe y obras: de nada sirve desear el bien a un hermano hambriento sin darle de comer. Pone como ejemplos a Abraham, que ofreció a Isaac, y a Rahab, que escondió a los espías, y concluye que la fe sin obras está muerta.

El capítulo 3 trata del poder de la lengua: es pequeña como el freno de un caballo o el timón de una nave, pero puede incendiarlo todo. Con ella bendecimos a Dios y maldecimos a los hombres. Luego distingue la sabiduría 'de lo alto', pacífica y misericordiosa, de la sabiduría terrenal, nacida de la envidia.

El capítulo 4 atribuye las guerras y peleas a los deseos desordenados. Llama a la humildad, prohíbe murmurar contra el hermano y reprocha a los comerciantes que hacen planes sin contar con que la vida es 'un vapor'.

El capítulo 5 lanza una invectiva contra los ricos que retienen el jornal de sus trabajadores, en el tono de los profetas del Antiguo Testamento. Pide paciencia hasta la venida del Señor, con el ejemplo de Job, y prohíbe los juramentos.

El final recomienda la oración y la unción con aceite de los enfermos, la confesión mutua de los pecados y la oración del justo, como la de Elías. La carta termina de forma abrupta, sin saludos: quien haga volver a un pecador de su error 'salvará un alma de muerte, y cubrirá multitud de pecados'.

Dominio público. Reina-Valera, revisión de 1909, vía eBible.org; acentuación modernizada. Números Strong de la misma edición.