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Salmos Varios; atribuido a David

Antiguo Testamento · Poéticos y sapienciales

Salmos

Varios; atribuido a David

Siglos X–III a. C. · Antiguo Israel

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De qué trata

Son 150 poemas para cantar y orar: himnos de alabanza, súplicas desesperadas, acciones de gracias, cantos para la coronación de reyes, poemas de peregrinación y meditaciones sobre la ley. Hablan de enemigos, enfermedad, culpa, exilio, de la naturaleza y del templo. Se reparten en cinco libros, cada uno cerrado por una bendición.

Por qué importa

Es probablemente el libro más leído, cantado y musicado de la Biblia. Ha sido el cancionero del templo de Jerusalén, de la sinagoga y de los monasterios cristianos, que lo recitan entero cada semana. Inspiró el *Miserere* de Allegri, la *Sinfonía de los salmos* de Stravinski o *Rivers of Babylon*, y frases como «valle de sombra de muerte» o «junto a los ríos de Babilonia» forman parte del idioma.

Para quién es

Para cualquier lector: no exige saber historia y cada salmo se entiende solo. Leerlo de corrido cansa por su extensión y sus repeticiones, así que conviene picar aquí y allá o leer unos pocos cada día.

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Jehová es mi pastor; nada me faltará. (23:1)

Personajes
David
Rey de Israel al que los títulos atribuyen 73 salmos, convertido por la tradición en el poeta por excelencia del libro.
Asaph
Cantor del templo según Crónicas, a cuyo gremio se atribuyen doce salmos.
Coré
Antepasado de un gremio de cantores levitas, «los hijos de Coré», a los que se atribuyen once salmos.
Moisés
El legislador del Éxodo, a quien el título del salmo 90 atribuye esa oración, la única que lleva su nombre.
Salomón
Hijo de David y rey de Israel, mencionado en los títulos de los salmos 72 y 127.
Hemán
Sabio y cantor al que el título del salmo 88, el más sombrío del libro, atribuye su autoría.
Ethán
Sabio y cantor al que se atribuye el salmo 89, sobre la promesa hecha a la dinastía de David.
Absalom
Hijo rebelde de David, cuya persecución se menciona en el título del salmo 3.
Bathsebah
Mujer con la que David cometió adulterio, mencionada en el título del salmo 51.
Nathán
Profeta que reprendió a David por su pecado con Bathsebah, según el título del salmo 51.
Saúl
Primer rey de Israel y perseguidor de David, citado en varios títulos de salmos.
Melchîsedech
Rey y sacerdote de Salem en Génesis, invocado en el salmo 110 como modelo de un sacerdocio eterno.
Sión
El monte de Jerusalén donde se alzaba el templo, centro del culto que cantan muchos salmos.
Babilonia
Capital del imperio que deportó a los judíos, evocada con dolor en el salmo 137.
Contexto

El autor

La tradición atribuye los Salmos a David, el rey músico. Sin embargo, los propios títulos nombran a otros autores, como Asaph, los hijos de Coré, Salomón, Moisés, Hemán o Ethán, y unos cincuenta salmos no llevan atribución. Además, la expresión hebrea que se traduce «de David» puede significar también «para David» o «al estilo de David». Los especialistas consideran que los títulos son añadidos editoriales posteriores y que el libro es una antología de muchos autores anónimos, reunida a lo largo de siglos.

La época

Algunos salmos, como los que celebran al rey, son seguramente de la época de la monarquía (siglos X-VI a. C.), y el 29 o el 104 tienen paralelos en los himnos cananeos de Ugarit y en el himno egipcio a Atón. Otros, como el 137, son claramente del exilio o posteriores. La colección se fue formando en el templo reconstruido tras el regreso de Babilonia, en la época persa y helenística. Los Rollos del Mar Muerto muestran que, todavía en el siglo I a. C., el orden y el contenido de la última parte no estaban del todo fijados.

El texto y sus manuscritos

En Qumrán aparecieron unas cuarenta copias de los Salmos, más que de ningún otro libro. Una de ellas, el gran rollo de la cueva 11, ordena los salmos finales de otra manera e incluye composiciones que no están en la Biblia hebrea, como el salmo 151, que la Septuaginta también conserva. Los manuscritos medievales completos más antiguos son el Códice de Alepo (c. 930), hoy incompleto, y el de Leningrado (1008). La numeración varía según la tradición: la Septuaginta y la Vulgata unen los salmos 9 y 10, y por eso van un número por detrás del hebreo hasta el 147. La RV sigue la numeración hebrea, por ejemplo con el 23 y el 51. Además, en el hebreo los títulos cuentan como versículo propio, mientras que aquí van dentro del versículo 1, de modo que la numeración de los versículos puede ir uno o dos números por detrás de la de una Biblia hebrea.

Resumen completo

Contiene spoilers: cuenta toda la historia, incluido el final.

El libro se abre con dos salmos que sirven de portada: el primero contrasta el camino del justo, que medita la ley, con el del malvado; el segundo celebra al rey que Dios ha elegido en Sión. A partir de ahí se suceden poemas muy distintos, ordenados en cinco libros (1-41, 42-72, 73-89, 90-106 y 107-150) que imitan los cinco libros de Moisés. Cada libro termina con una breve bendición, como «Bendito sea Jehová, el Dios de Israel, por siglos de siglos. Amén y Amén».

El primer libro está formado casi todo por salmos atribuidos a David. Predominan las súplicas de una persona acosada por enemigos o enfermedades, que casi siempre acaban en confianza. Aquí están algunos de los más conocidos: el 8, que se asombra de la pequeñez y la grandeza del ser humano; el 19, en el que «los cielos cuentan la gloria de Dios»; el 22, que empieza con «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has dejado?»; y el 23, el del pastor.

El segundo y el tercer libro reúnen colecciones de los gremios de cantores del templo, los hijos de Coré y Asaph, además de más salmos de David, como el 51, la gran confesión de culpa. En los salmos 42 a 83 se prefiere el nombre genérico «Dios» al nombre propio de Yahvé, lo que delata una colección editada aparte; por eso el salmo 14 reaparece casi idéntico como 53. El segundo libro acaba con una nota editorial: «Acábanse las oraciones de David». El tercero es más sombrío: lamenta la destrucción del templo y termina con el salmo 89, que se pregunta qué fue de la promesa hecha a la dinastía de David.

El cuarto libro se abre con la única oración atribuida a Moisés, el salmo 90, una meditación sobre la brevedad de la vida («los días de nuestra edad son setenta años»). Le siguen himnos que proclaman que «Jehová reina» y dos largos repasos de la historia de Israel, desde los patriarcas hasta el desierto.

El quinto libro recoge piezas muy usadas en la liturgia: el Hallel (113-118), que se canta en la Pascua judía; el salmo 119, un enorme poema alfabético de 176 versículos en alabanza de la ley; y los quince «cánticos graduales» (120-134), probablemente cantos de peregrinos que subían a Jerusalén. Aquí está también el salmo 137, el lamento de los desterrados junto a los ríos de Babilonia, que termina con una terrible maldición contra los hijos de sus opresores.

El libro concluye con una serie de cinco salmos que empiezan y terminan con «Aleluya», es decir, «alabad a Yah». El último, el 150, invita a alabar a Dios con trompetas, arpas, címbalos y danzas, y se cierra con «Todo lo que respira alabe a JAH. Aleluya».

Dominio público. Reina-Valera, revisión de 1909, vía eBible.org; acentuación modernizada. Números Strong de la misma edición.