Nuevo Testamento · Cartas de Pablo
Romanos
Pablo de Tarso
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De qué trata
Es la carta más larga y sistemática de Pablo, dirigida a los cristianos de Roma, una comunidad que él no había fundado. En ella expone su idea central: que todos, judíos y no judíos, son «justificados» ante Dios por la fe y no por cumplir la Ley. Discute también el lugar del pueblo judío en ese plan y termina con consejos prácticos y una larga lista de saludos.
Por qué importa
Ningún texto de Pablo ha influido tanto en la historia de las ideas. La lectura de un pasaje (13:13-14) desencadenó la conversión de Agustín de Hipona en el año 386, y su frase «el justo vivirá por la fe» fue decisiva para Lutero y la Reforma protestante. En el siglo XX, el comentario de Karl Barth (1919) renovó la teología. Sus ideas sobre el pecado original, la gracia, la conciencia y la autoridad política (capítulo 13) han pesado en el pensamiento occidental.
Para quién es
Para el lector que quiera entender el núcleo del pensamiento de Pablo y los grandes debates teológicos de Occidente. Es un texto argumentativo y denso, con razonamientos encadenados y muchas citas del Antiguo Testamento. Conviene leerlo despacio, quizá por secciones.
No seas vencido de lo malo; mas vence con el bien el mal. (12:21)
Personajes
- Pablo
- Autor de la carta, que escribe a una comunidad que aún no conoce para presentarse y explicar su mensaje.
- Abraham
- Patriarca de Israel, al que Pablo pone como modelo de quien es justo ante Dios por su fe.
- Adam
- Primer hombre del Génesis, por quien según Pablo entraron en el mundo el pecado y la muerte.
- Moisés
- Legislador de Israel, cuya Ley ocupa buena parte de la reflexión de la carta.
- Israel
- El pueblo judío, cuyo destino discute Pablo en los capítulos 9 a 11.
- Febe
- Diaconisa de la iglesia de Cencreas, probablemente la portadora de la carta.
- Priscila
- Colaboradora de Pablo que, con su esposo Aquila, arriesgó la vida por él.
- Junia
- Pariente de Pablo, a quien llama, junto con Andrónico, «insignes entre los apóstoles».
- Tercio
- Secretario que escribió la carta al dictado y envía su propio saludo.
- Roma
- Capital del Imperio, donde vivía la comunidad destinataria.
- España
- Destino de la misión que Pablo planeaba emprender tras pasar por Roma.
Contexto
El autor
Es una de las siete cartas que casi todos los especialistas consideran escritas por Pablo, junto con 1 y 2 Corintios, Gálatas, Filipenses, 1 Tesalonicenses y Filemón. Pablo era un judío de la diáspora, nacido en Tarso, en Cilicia, que se había formado como fariseo y que, tras perseguir a los seguidores de Jesús, se convirtió en su misionero más activo. Como era costumbre, dictó la carta a un secretario, Tercio (16:22). Algunos estudiosos piensan que el capítulo 16, con tantos saludos, era en origen una nota para la iglesia de Éfeso, pero la mayoría lo considera parte de la carta.
La época
Pablo escribió probablemente desde Corinto, hacia los años 56–58, antes de su último viaje a Jerusalén. En Roma había una comunidad de judíos y no judíos que creían en Jesús, quizá desde la década de los 40. El emperador Claudio había expulsado de la ciudad a algunos judíos hacia el año 49, y su vuelta tras la muerte de Claudio en el 54 pudo crear tensiones entre grupos, lo que explicaría la insistencia de la carta en la convivencia. Pocos años después, en el 64, la comunidad sufrió la persecución de Nerón.
El texto y sus manuscritos
El manuscrito más antiguo es el papiro P46, de hacia el año 200, que reúne cartas de Pablo; le siguen los Códices Sinaítico y Vaticano, del siglo IV. La historia del final de la carta es complicada: la alabanza de 16:25-27 aparece en distintos lugares según los manuscritos (tras el capítulo 14, tras el 15 o al final) y hubo versiones abreviadas de la carta, como la que usaba Marción en el siglo II. El Nuevo Testamento de la RV1909 sigue el *Textus Receptus*, que incluye 16:24, ausente en los manuscritos más antiguos, y una nota final de copista sobre el lugar de redacción.
Resumen completo
Contiene spoilers: cuenta toda la historia, incluido el final.
Pablo se presenta como apóstol llamado a anunciar el evangelio a los gentiles, saluda a los cristianos de Roma y les cuenta su deseo de visitarlos. Enuncia su tema: el evangelio es poder de Dios para salvar a todo el que cree, «al Judío primeramente y también al Griego», porque en él se revela la justicia de Dios por la fe.
En los primeros capítulos argumenta que toda la humanidad está bajo el pecado: los paganos, que conocían a Dios por la creación pero adoraron ídolos, y los judíos, que tienen la Ley pero no la cumplen. Por eso, concluye, nadie se vuelve justo ante Dios por las obras de la Ley, sino gratuitamente, por la fe en Jesucristo. Pone como ejemplo a Abraham, que fue considerado justo por creer, antes de ser circuncidado.
Compara a Adam, por quien entraron el pecado y la muerte, con Cristo, por quien llega la vida. Responde a una objeción: si la gracia abunda donde abunda el pecado, ¿hay que seguir pecando? No, porque el creyente ha muerto al pecado con Cristo en el bautismo. En el capítulo 7 describe la lucha interior del ser humano que quiere el bien pero hace el mal, y en el 8 la vida según el Espíritu, con la esperanza de que toda la creación será liberada y la certeza de que nada puede separar al creyente del amor de Dios.
Los capítulos 9 a 11 tratan una pregunta dolorosa para Pablo, judío él mismo: ¿por qué la mayoría de Israel no ha aceptado a Jesús como Mesías? Habla de la libertad de Dios para elegir, usa la imagen del olivo en el que se han injertado ramas silvestres (los gentiles) y concluye que el rechazo de Israel es parcial y temporal, y que al final «todo Israel será salvo».
Desde el capítulo 12, la carta pasa a la ética: ofrecerse a Dios, vivir como miembros de un solo cuerpo, amar sin fingimiento, no devolver mal por mal y vencer el mal con el bien. El capítulo 13 pide someterse a las autoridades y pagar los impuestos, y resume la Ley en el amor al prójimo. Los capítulos 14 y 15 piden tolerancia entre los creyentes más firmes y los más escrupulosos en cuestiones de alimentos y días sagrados.
Pablo explica sus planes: llevar a Jerusalén una colecta para los pobres, pasar luego por Roma y seguir hasta España. El capítulo 16 recomienda a Febe, diaconisa de Cencreas, y envía saludos a una larga lista de personas, entre ellas Priscila y Aquila y Junia. Tras una advertencia contra quienes causan divisiones y los saludos de sus acompañantes, incluido Tercio, que escribió la carta, termina con una alabanza solemne a Dios.