Antiguo Testamento · Poéticos y sapienciales
Proverbios
Atribuido a Salomón
- 1 h 21 min
- Fácil
De qué trata
Es una colección de colecciones: consejos de un padre a su hijo, poemas en los que la Sabiduría habla como una mujer que llama a los jóvenes por las calles, y cientos de sentencias breves sobre el trabajo, el dinero, la palabra, la familia, la amistad o la justicia. Se cierra con el retrato de la «mujer fuerte».
Por qué importa
Pertenece a una tradición de sabiduría práctica compartida por todo el antiguo Oriente: una de sus secciones se inspira directamente en un texto egipcio. Su imagen de la Sabiduría como compañera de Dios en la creación influyó en el judaísmo y en el cristianismo primitivo. Muchas de sus frases pasaron al refranero, como «antes de la caída la altivez de espíritu» o «como perro que vuelve a su vómito».
Para quién es
Para cualquiera, incluso para quien nunca ha leído la Biblia, porque se puede abrir por cualquier página. Leído de corrido resulta repetitivo, así que se disfruta más en pequeñas dosis.
El principio de la sabiduría es el temor de Jehová: los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza. (1:7)
Personajes
- Salomón
- Rey de Israel, hijo de David, famoso por su sabiduría, a quien se atribuyen las principales colecciones del libro.
- David
- Padre de Salomón, mencionado en el título del libro.
- Ezechîas
- Rey de Judá (c. 715-686 a. C.) cuyos escribas, según el libro, copiaron la colección de los capítulos 25 a 29.
- Agur
- Sabio desconocido, probablemente no israelita, autor de las sentencias del capítulo 30.
- Ithiel
- Destinatario de las palabras de Agur, o quizá el resultado de un texto hebreo dañado.
- Lemuel
- Rey extranjero del que solo se sabe lo que dice el capítulo 31: que recibió estos consejos de su madre.
Contexto
El autor
La tradición atribuyó el libro a Salomón, a quien 1 Reyes presenta como autor de tres mil proverbios. Pero el propio libro nombra otras fuentes: «los sabios», los escribas de Ezechîas, Agur y Lemuel. Los especialistas consideran que es una antología de colecciones de épocas distintas. Las sentencias de los capítulos 10 a 29 pueden remontarse a la monarquía, quizá a escuelas de escribas de la corte, mientras que los capítulos 1 a 9, más elaborados y con la Sabiduría personificada, suelen fecharse en la época persa, después del exilio. Curiosamente, las letras del nombre de Salomón en hebreo suman 375, el número de sentencias de la primera colección salomónica.
La época
La literatura sapiencial era un género internacional: Egipto y Mesopotamia tenían «instrucciones» de padres a hijos desde el tercer milenio a. C. En 1924, el egiptólogo Adolf Erman mostró que Proverbios 22:17-24:22 sigue de cerca la *Instrucción de Amenemope*, un texto egipcio de finales del segundo milenio a. C. El libro casi no habla de la historia de Israel, del templo ni de la alianza, sino de la vida cotidiana y del orden del mundo.
El texto y sus manuscritos
La copia completa más antigua es el Códice de Leningrado (1008); en Qumrán solo aparecieron pequeños fragmentos. La Septuaginta griega es muy distinta del texto hebreo: tiene versos que este no contiene, como un elogio de la abeja junto al de la hormiga en el capítulo 6, le faltan otros y ordena de otro modo los capítulos 24 a 31. Su traducción de 8:22, donde la Sabiduría dice que Dios «la creó», fue decisiva en las disputas sobre la naturaleza de Cristo en el siglo IV.
Resumen completo
Contiene spoilers: cuenta toda la historia, incluido el final.
Tras un título que atribuye todo a Salomón, el prólogo declara el propósito del libro: enseñar prudencia a los ingenuos y a los jóvenes. Su lema es «El principio de la sabiduría es el temor de Jehová».
Los capítulos 1 a 9 son una serie de discursos de un padre, o maestro, que se dirige a «hijo mío». Le advierte contra las bandas de malhechores, contra la pereza («Ve a la hormiga, oh perezoso») y, sobre todo, contra la mujer «extraña» que seduce a los incautos. Frente a ella se alza la Sabiduría personificada, que clama en las plazas, afirma haber estado junto a Dios antes de la creación del mundo y edifica su casa de «siete columnas» para invitar a los sencillos a su banquete. La Necedad, otra mujer, le hace la competencia.
Desde el capítulo 10 hasta el 22:16 vienen las «sentencias de Salomón»: unos 375 dichos sueltos, casi siempre de dos versos que se oponen o se completan. Comparan al sabio con el necio, al justo con el malvado, al diligente con el perezoso. Hablan de la lengua que hiere o sana, del rico y el pobre, de los reyes, de la disciplina de los hijos («Instruye al niño en su carrera») y de la confianza en Dios.
Siguen las «palabras de los sabios» (22:17 a 24:34), consejos más largos que en buena parte reelaboran la *Instrucción de Amenemope*, una obra egipcia. Los capítulos 25 a 29 son otra colección de proverbios de Salomón, «los cuales copiaron los varones de Ezechîas», con muchas comparaciones tomadas de la naturaleza y de la vida del campo.
El capítulo 30 recoge las palabras de un tal Agur, que empieza confesando su ignorancia ante Dios y sigue con proverbios numéricos («tres cosas… y la cuarta…»). El 31 contiene los consejos que la madre del rey Lemuel dio a su hijo: no gastar su fuerza en mujeres ni en vino, y defender a los pobres.
El libro termina con un poema alfabético, en el que cada verso empieza por una letra hebrea sucesiva, dedicado a la «mujer fuerte». Es una esposa trabajadora, previsora y generosa, que comercia, administra su casa y enseña con sabiduría, y a la que sus hijos y su marido alaban. El último verso pide que «alábenla en las puertas sus hechos».