Antiguo Testamento · Profetas menores
Oseas
Oseas
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De qué trata
Oseas cuenta que Dios le mandó casarse con una mujer infiel, Gomer, y poner a sus hijos nombres de mal agüero. Su matrimonio se convierte en parábola: Israel es la esposa que abandona a su Dios por Baal. Siguen oráculos contra la corrupción religiosa y política del reino del norte en sus últimos años, alternados con promesas de perdón.
Por qué importa
Es el primer texto de la Biblia que describe a Dios como un esposo enamorado y herido, imagen que heredaron la mística judía y la cristiana. Jesús citó dos veces su frase «misericordia quise, y no sacrificio», y Pablo transformó su grito contra la muerte en 1 Corintios 15. El refrán «quien siembra vientos recoge tempestades» procede de Oseas.
Para quién es
Para quien quiera ver la cara más emotiva de la profecía. Es breve, pero su hebreo es de los más oscuros de la Biblia y sus oráculos saltan de un tema a otro, por lo que cuesta seguirlo.
Porque misericordia quise, y no sacrificio; y conocimiento de Dios más que holocaustos. (6:6)
Personajes
- Oseas
- Profeta del reino del norte, Israel, en el siglo VIII a. C., que convirtió su matrimonio fracasado en imagen de la relación entre Dios y su pueblo.
- Beeri
- Padre de Oseas, del que no se sabe nada más.
- Gomer
- Esposa de Oseas, a la que el libro llama «mujer fornicaria», madre de sus tres hijos.
- Jezreel
- Primer hijo de Oseas, llamado como el valle donde el rey Jehú masacró a la dinastía anterior.
- Lo-ruhama
- Hija de Oseas cuyo nombre significa «no compadecida».
- Lo-ammi
- Segundo hijo de Oseas, cuyo nombre significa «no mi pueblo».
- Jeroboam
- Jeroboam II, rey próspero de Israel (c. 788-747 a. C.), en cuyo reinado comenzó Oseas a profetizar.
- Ephraim
- La tribu principal del norte, nombre que Oseas usa para todo el reino de Israel.
- Samaria
- Capital del reino de Israel, conquistada por Asiria en el 722 a. C.
- Baal
- Dios cananeo de la tormenta y la fertilidad, cuyo culto denuncia Oseas como una infidelidad conyugal.
- Gilgal
- Antiguo santuario de Israel, que Oseas acusa de culto corrompido.
- Achôr
- Valle de triste memoria que Oseas convierte en «puerta de esperanza».
- Galaad
- Región al este del Jordán, acusada por el profeta de violencia.
- Asiria
- El imperio en ascenso al que Israel busca como aliado y que acabará destruyéndolo.
- Egipto
- Tierra de la que Dios sacó a Israel en su «juventud» y a la que el pueblo vuelve a mirar en busca de ayuda.
Contexto
El autor
El libro se presenta como palabra de Oseas hijo de Beeri, y la mayoría de los especialistas acepta que su núcleo procede de él. Es el único profeta escritor nacido en el reino del norte. Sus oráculos fueron llevados a Judá, probablemente por refugiados, tras la caída de Samaria, y allí recibieron retoques: el título con los reyes de Judá, las menciones favorables a Judá y a David y el versículo final. No hay acuerdo sobre si la historia de Gomer es biográfica o simbólica, ni sobre si la mujer del capítulo 3 es la misma.
La época
Oseas profetizó desde el final del próspero reinado de Jeroboam II hasta poco antes de la caída de Samaria (722 a. C.). Fueron años de caos: en unos veinticinco años hubo seis reyes en Israel, cuatro de ellos asesinados, mientras el rey asirio Tiglat-piléser III convertía la región en provincias suyas. El culto a Baal, dios de la lluvia, y las prácticas de fertilidad en los santuarios rurales eran parte de la religión popular, y el profeta las ataca.
El texto y sus manuscritos
En la Biblia hebrea, los doce profetas menores forman un solo libro, «los Doce», que ya menciona el Eclesiástico hacia el 180 a. C. La Septuaginta coloca a Oseas también en primer lugar, aunque luego ordena a los demás de otro modo. El hebreo de Oseas es de los más difíciles de la Biblia, quizá por el dialecto del norte y por el deterioro del texto, y muchos versículos se traducen de formas muy distintas. En el desierto de Judea se hallaron un rollo hebreo de los Doce de comienzos del siglo II d. C., en Wadi Murabba'at, muy cercano al texto masorético, y otro en griego, de Nahal Hever (siglo I a. C.), además de varios fragmentos en Qumrán. Las copias completas más antiguas son el Códice de Alepo (c. 930) y el de Leningrado (1008). La numeración de la RV difiere en algunos puntos de la hebrea: por ejemplo, 1:10-11 son en hebreo 2:1-2.
Resumen completo
Contiene spoilers: cuenta toda la historia, incluido el final.
El libro se sitúa en los días de Jeroboam II, rey de Israel. Dios ordena a Oseas que tome una «mujer fornicaria», porque la tierra se ha apartado de Dios. Oseas se casa con Gomer, que le da tres hijos: Jezreel, porque Dios castigará a la casa de Jehú por la matanza de Jezreel; Lo-ruhama, «no compadecida»; y Lo-ammi, «no mi pueblo». Pero la promesa sigue enseguida: algún día se les llamará «hijos del Dios viviente».
En el capítulo 2, Dios habla como un marido traicionado que pleitea contra su esposa, que corre tras sus amantes creyendo que ellos le dan el pan, el vino y la lana, cuando era él quien se los daba. La amenaza con desnudarla y dejarla sin cosechas, pero termina diciendo que la llevará al desierto, le hablará al corazón y la desposará de nuevo «en justicia, y juicio, y misericordia, y miseraciones». En el capítulo 3, Oseas compra a una mujer adúltera y la tiene recluida un tiempo, como signo de que Israel quedará sin rey ni culto antes de volver.
Desde el capítulo 4, los oráculos denuncian que «no hay verdad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios en la tierra». Los sacerdotes se alimentan del pecado del pueblo, se consulta a los ídolos de madera, se practica la prostitución en los santuarios de Gilgal y Beth-aven. Los reyes caen asesinados uno tras otro, y Ephraim, como «paloma incauta», busca ayuda unas veces en Egipto y otras en Asiria.
El pueblo se arrepiente de forma superficial, y Dios responde que su piedad es «como la nube de la mañana». Quiere misericordia y no sacrificios. Israel ha hecho reyes sin contar con él y adora el becerro de Samaria: «sembraron viento, y torbellino segarán». El castigo será el destierro: «volverá Ephraim a Egipto, y a Asiria».
En el capítulo 11, Dios recuerda la infancia de Israel como un padre: «Cuando Israel era muchacho, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo». Le enseñó a andar y lo levantó en brazos, y ahora no se resigna a destruirlo: «mi corazón se revuelve dentro de mí». Siguen nuevas acusaciones, que recuerdan la historia del patriarca Jacob y anuncian la caída de Samaria con imágenes muy crudas.
El último capítulo es una invitación a volver: Israel debe pedir perdón y renunciar a Asiria y a los ídolos, y Dios promete curar su rebelión y ser para él «como rocío», de modo que florezca como el lirio y eche raíces como el Líbano. El libro se cierra con un consejo de estilo sapiencial: los caminos de Dios son rectos, «y los justos andarán por ellos: mas los rebeldes en ellos caerán».