Antiguo Testamento · Profetas menores
Nahúm
Nahum
- 6 min
- Media
De qué trata
Es un poema de guerra que anuncia y celebra la caída de Nínive, la capital del Imperio asirio, que durante más de un siglo había aterrorizado a los pueblos de Oriente Próximo. Empieza con un himno a Dios como guerrero vengador, describe con imágenes vertiginosas el asalto a la ciudad y termina con una burla sobre su ruina.
Por qué importa
Es una pieza de gran fuerza poética, con una de las descripciones de batalla más vivas de la Antigüedad. Su alegría por la destrucción del enemigo incomoda a muchos lectores modernos, y es un testimonio directo del odio que despertó Asiria. En Qumrán, un comentario sobre Nahum aplicó sus versos a la política del siglo I a. C. y es una fuente histórica valiosa.
Para quién es
Para quien se interese por la poesía de guerra o por la historia de los imperios antiguos. Es muy breve, aunque su tono vengativo puede resultar duro.
Y será que todos los que te vieren, se apartarán de ti, y dirán: Nínive es asolada: ¿quién se compadecerá de ella? ¿dónde te buscaré consoladores? (3:7)
Personajes
- Nahum
- Profeta de Judá cuyo nombre significa «consuelo», que celebra la caída de Asiria.
- El-kosh
- Aldea natal de Nahum, de localización desconocida.
- Nínive
- Capital del Imperio asirio, cuya destrucción en el 612 a. C. anuncia y celebra el libro.
- No-amón
- Tebas, la gran ciudad de Egipto saqueada por los asirios en el 663 a. C., ejemplo de que ninguna ciudad es invencible.
- Etiopía
- El reino de Cus, en el actual Sudán, que gobernó Egipto y defendía Tebas.
- Basán
- Región de pastos al este del Jordán, que se marchita ante la ira de Dios.
- Carmelo
- Monte fértil de la costa, citado en el himno inicial.
- Líbano
- Montañas de bosques y flores, que también se agostan ante Dios.
- Judá
- El reino del profeta, al que se invita a celebrar sus fiestas porque el opresor ha caído.
- Asiria
- El imperio cuyo rey ve, al final del libro, a sus pastores dormidos y a su pueblo disperso.
Contexto
El autor
Del profeta solo se conoce su nombre, «consuelo», y el de su aldea, El-kosh, que no ha podido localizarse con seguridad. El libro menciona la caída de Tebas a manos de Asurbanipal (663 a. C.) como algo pasado y anuncia la de Nínive (612 a. C.) como futura o inminente, por lo que se fecha entre ambas, probablemente cerca del final. Algunos especialistas creen que el himno inicial, un acróstico alfabético incompleto, es de otro autor y fue antepuesto al libro.
La época
Asiria dominó Oriente Próximo desde el siglo IX hasta finales del VII a. C., con fama de crueldad: sus propios relieves muestran deportaciones, empalamientos y ciudades arrasadas. Judá fue su vasallo durante casi un siglo. Tras la muerte de Asurbanipal, el imperio se descompuso con rapidez, y en el 612 a. C. una coalición de babilonios y medos tomó Nínive. Las fuentes babilonias confirman su destrucción, que el libro celebra.
El texto y sus manuscritos
En la Biblia hebrea, los doce profetas menores forman un solo libro, «los Doce», que ya menciona el Eclesiástico hacia el 180 a. C. En el desierto de Judea se hallaron un rollo hebreo de los Doce de comienzos del siglo II d. C., en Wadi Murabba'at, muy cercano al texto masorético, y otro en griego, de Nahal Hever (siglo I a. C.), además de varios fragmentos en Qumrán. Las copias completas más antiguas son el Códice de Alepo (c. 930) y el de Leningrado (1008). En Qumrán se halló además un *pésher*, un comentario, de Nahum que aplica sus versos a hechos de la Judea del siglo I a. C., como la crucifixión de opositores por el rey Alejandro Janeo. En la numeración hebrea, 1:15 es 2:1.
Resumen completo
Contiene spoilers: cuenta toda la historia, incluido el final.
El libro se presenta como «carga de Nínive» y visión de Nahum de El-kosh. Comienza con un himno sobre Dios, celoso y vengador, «tardo para la ira» pero que no deja impune al culpable: marcha entre la tempestad, seca el mar y los ríos, hace temblar los montes y marchitarse Basán, el Carmelo y el Líbano. A la vez, es «bueno» y refugio para los que confían en él.
Siguen oráculos que alternan el anuncio del fin de Nínive y el consuelo de Judá, a la que se promete que el yugo del opresor será roto. Aparece sobre los montes un mensajero «que trae buenas nuevas» y pregona la paz: Judá puede celebrar sus fiestas, porque el malvado ha perecido.
El capítulo 2 describe el ataque a la ciudad: los escudos rojos de los guerreros, los carros que corren por las calles como antorchas, las puertas de los ríos que se abren y el palacio que se derrumba. Nínive es «como estanque de aguas» que se vacía, y sus habitantes huyen. La ciudad es saqueada, y el poeta se burla de ella como de una guarida de leones donde ya no queda ninguno.
El capítulo 3 es un lamento irónico: «¡Ay de ti, ciudad de sangres!». Describe la carnicería, los cadáveres sin número, y presenta a Nínive como una prostituta hechicera expuesta a la vergüenza. Le recuerda la caída de No-amón, la Tebas egipcia, que tampoco se salvó pese a sus ríos y aliados. El libro termina dirigiéndose al rey de Asiria: sus pastores duermen, su pueblo está disperso, su herida no tiene cura, y todos los que lo oyen aplauden, porque todos sufrieron su maldad.