Antiguo Testamento · Profetas menores
Malaquías
Atribuido a Malaquías
- 9 min
- Fácil
De qué trata
Son seis debates en forma de pregunta y respuesta entre Dios y su pueblo. Dios acusa a los sacerdotes de ofrecer animales cojos y enfermos, a los hombres de divorciarse de sus esposas judías y a todos de no pagar el diezmo. Anuncia un mensajero que preparará su llegada y el regreso del profeta Elías antes del día del juicio.
Por qué importa
En las Biblias cristianas es el último libro del Antiguo Testamento, y su anuncio de un mensajero y de Elías enlaza directamente con Juan el Bautista al comienzo de los evangelios. En la cena de Pascua judía se deja una copa y se abre la puerta para Elías. Su pregunta «¿No tenemos todos un mismo padre?» es un clásico del ideal de fraternidad.
Para quién es
Para cualquier lector: es breve. Su forma de diálogo, con las objeciones del pueblo y las respuestas de Dios, se sigue con facilidad.
El convertirá el corazón de los padres a los hijos, y el corazón de los hijos a los padres: no sea que yo venga, y con destrucción hiera la tierra. (4:6)
Personajes
- Malaquías
- Nombre que significa «mi mensajero»; quizá no es el nombre de un profeta, sino un título tomado de 3:1.
- Jacob
- Patriarca de Israel, al que Dios dice haber amado en lugar de a su hermano Esaú.
- Esaú
- Hermano de Jacob y antepasado de Edom, al que Dios dice haber «aborrecido».
- Edom
- Pueblo vecino arruinado, ejemplo del castigo divino.
- Leví
- Antepasado de los sacerdotes, con quien Dios hizo un pacto que los sacerdotes del tiempo del profeta han corrompido.
- Moisés
- El legislador, cuya ley el libro manda recordar en su final.
- Horeb
- Otro nombre del monte Sinaí, donde Moisés recibió la ley.
- Elías
- Profeta del siglo IX a. C. arrebatado al cielo, cuyo regreso se anuncia antes del día de Jehová.
Contexto
El autor
El nombre «Malaquías» significa «mi mensajero» y coincide con la expresión de 3:1. Por eso muchos especialistas creen que el libro es anónimo y que el título se formó a partir de ese versículo; la Septuaginta traduce 1:1 «por mano de su mensajero», y el Targum arameo lo identificó con el escriba Esdras. Los títulos de Zacarías 9, Zacarías 12 y Malaquías empiezan con la misma fórmula, «Carga de la palabra de Jehová», lo que hace pensar que fueron tres colecciones anónimas añadidas al final de los Doce. Los dos apéndices finales (4:4-6) suelen considerarse un epílogo editorial a todo el conjunto de los profetas.
La época
El libro supone un templo ya reconstruido (515 a. C.), con un culto rutinario, y un gobernador persa. Los problemas que denuncia, como los matrimonios con extranjeras, los diezmos impagados y la negligencia de los sacerdotes, son los mismos que afrontaron Esdras y Nehemías hacia mediados del siglo V a. C. Por eso suele fecharse poco antes de sus reformas.
El texto y sus manuscritos
En la Biblia hebrea, los doce profetas menores forman un solo libro, «los Doce», que ya menciona el Eclesiástico hacia el 180 a. C. En el desierto de Judea se hallaron un rollo hebreo de los Doce de comienzos del siglo II d. C., en Wadi Murabba'at, muy cercano al texto masorético, y otro en griego, de Nahal Hever (siglo I a. C.), además de varios fragmentos en Qumrán. Las copias completas más antiguas son el Códice de Alepo (c. 930) y el de Leningrado (1008). La Biblia hebrea solo tiene tres capítulos: los versículos 4:1-6 de esta edición son 3:19-24. La Septuaginta coloca la exhortación sobre la ley de Moisés al final. En la lectura de la sinagoga se repite 4:5 tras el último versículo, para no terminar con una palabra de destrucción.
Resumen completo
Contiene spoilers: cuenta toda la historia, incluido el final.
El primer debate empieza con una afirmación: «Yo os he amado». El pueblo pregunta en qué, y Dios responde que amó a Jacob y no a Esaú, cuya tierra, Edom, ha quedado arruinada. En el segundo, acusa a los sacerdotes de despreciar su nombre: ofrecen en el altar animales ciegos, cojos y enfermos que no se atreverían a regalar al gobernador persa. Dios prefiere que cierren las puertas del templo, porque entre las naciones, desde el oriente hasta el occidente, se le ofrece una ofrenda pura.
El capítulo 2 recuerda a los sacerdotes el pacto con Leví, que enseñaba la verdad, y los acusa de haber hecho tropezar a muchos. El tercer debate denuncia que los hombres de Judá se casan con mujeres que adoran otros dioses y repudian a la esposa de su juventud: «¿No tenemos todos un mismo padre? ¿No nos ha criado un mismo Dios?». Dios aborrece el divorcio.
En el cuarto debate, el pueblo se queja de que Dios parece favorecer a los malvados. Dios responde que enviará a su mensajero para preparar el camino, y después vendrá él mismo a su templo como fuego de fundidor, para purificar a los hijos de Leví y juzgar a los hechiceros, adúlteros, perjuros y opresores del jornalero, la viuda, el huérfano y el extranjero.
El quinto debate trata del diezmo: «¿Robará el hombre a Dios?». Si el pueblo trae todos los diezmos al almacén del templo, Dios abrirá las ventanas del cielo y derramará bendición. En el sexto, los que temen a Dios hablan entre sí, y su nombre se escribe en un libro de memoria. Ellos serán su especial tesoro el día en que se distinga entre el justo y el malvado.
El último capítulo anuncia ese día, ardiente como un horno, en que los soberbios serán como paja. Para los que temen a Dios nacerá «el Sol de justicia», y saltarán como becerros. El libro concluye con dos apéndices: una exhortación a recordar la ley de Moisés dada en Horeb y el anuncio de que Dios enviará al profeta Elías antes del gran día, para que convierta el corazón de los padres a los hijos y el de los hijos a los padres.