Antiguo Testamento · Profetas mayores
Lamentaciones
Atribuido a Jeremías
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- Media
De qué trata
Son cinco poemas de duelo por la destrucción de Jerusalén y de su templo a manos de Babilonia. Describen el hambre del asedio, la matanza, la deportación y la humillación de los supervivientes. En medio del dolor surgen la confesión de culpa, la protesta y una frágil esperanza.
Por qué importa
Es una de las expresiones más intensas del duelo colectivo en la literatura antigua. En el judaísmo se lee en el ayuno del 9 de Av, que recuerda la destrucción de los templos. En la liturgia católica de la Semana Santa inspiró las «Lamentaciones de Jeremías» que pusieron en música Tallis, Victoria o Lassus. Su primer verso, «¡Cómo está sentada sola la ciudad…!», dio al libro su nombre hebreo, *Eicá*, «¡Cómo!».
Para quién es
Para quien quiera conocer cómo un pueblo antiguo puso en palabras una catástrofe. Es breve, pero su crudeza y su tono uniforme lo hacen duro de leer de un tirón.
¡Cómo está sentada sola la ciudad populosa! La grande entre las naciones se ha vuelto como viuda, la señora de provincias es hecha tributaria. (1:1)
Personajes
- Jerusalem
- La ciudad destruida, que el poema presenta como una viuda que llora sola y habla en primera persona.
- Sión
- Nombre poético de Jerusalén, a menudo como «la hija de Sión», personificación del pueblo que sufre.
- Judá
- El reino conquistado por Babilonia, cuyos habitantes fueron muertos, deportados o reducidos a la miseria.
- Jacob
- Nombre antiguo del pueblo de Israel, cuyas «tiendas» destruyó la ira divina.
- Edom
- Pueblo vecino que se alegró de la caída de Jerusalén y al que el poema anuncia el mismo castigo.
- Hus
- Región asociada a Edom, mencionada en el reproche a la «hija de Edom».
Contexto
El autor
La tradición atribuyó estos poemas a Jeremías, testigo de la caída de Jerusalén, a quien 2 Crónicas presenta componiendo lamentaciones por el rey Josías. La Septuaginta añadió una introducción que lo afirma expresamente, y por eso en las Biblias cristianas el libro va tras Jeremías; en la Biblia hebrea forma parte de los Escritos. Los especialistas no aceptan hoy esa autoría: el estilo y el pensamiento son distintos de los de Jeremías, y los cinco poemas pueden proceder de autores diferentes. Fueron escritos, probablemente en Judá, por testigos de la catástrofe o por poetas poco posteriores.
La época
Los babilonios de Nabucodonosor tomaron Jerusalén tras un largo asedio en el 587 o 586 a. C., quemaron el templo y deportaron a buena parte de la élite. Los poemas reflejan la vida de los que se quedaron en una tierra arrasada, antes de la reconstrucción del templo (520-515 a. C.). Pertenecen a un género conocido en el antiguo Oriente: los lamentos sumerios por la destrucción de ciudades como Ur tienen rasgos parecidos, como la ciudad que llora o el dios que la abandona.
El texto y sus manuscritos
Los capítulos 1, 2 y 4 son acrósticos: cada estrofa comienza por una letra sucesiva del alfabeto hebreo, de 22 letras. El capítulo 3 tiene 66 versos porque cada letra encabeza tres versos seguidos. El 5 tiene 22 versos, pero no sigue el alfabeto. En los capítulos 2 a 4, dos letras aparecen en un orden distinto del habitual, como ocurre también en un fragmento de Qumrán del capítulo 1, lo que sugiere que el orden del alfabeto aún no estaba fijado. En Qumrán se hallaron varios fragmentos del libro. La copia completa más antigua es la del Códice de Leningrado (1008). En la lectura de la sinagoga se repite el penúltimo versículo después del último, para no terminar con palabras de rechazo.
Resumen completo
Contiene spoilers: cuenta toda la historia, incluido el final.
El primer poema presenta a Jerusalén como una viuda que llora de noche, abandonada por sus amantes, sin nadie que la consuele. Sus caminos están de luto, sus sacerdotes gimen y sus hijos han ido al cautiverio. En la segunda mitad habla la propia ciudad: reconoce que ha pecado y pregunta a los que pasan si hay «dolor como mi dolor».
El segundo poema atribuye la destrucción a la ira de Dios, que actuó como un enemigo: derribó las murallas, rechazó su altar y abandonó su santuario. El poeta describe a los niños que desfallecen de hambre en las plazas pidiendo pan a sus madres y acusa a los falsos profetas de haber engañado al pueblo. El poema termina con una protesta dirigida a Dios: «¿Han de comer las mujeres su fruto?».
El tercer poema, el más largo, es la voz de un hombre que ha visto la aflicción y se siente cercado y quebrantado por Dios. En el centro del libro gira hacia la esperanza: «Es por la misericordia de Jehová que no somos consumidos… Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad». Invita a esperar en silencio, a examinar los propios caminos y a volver a Dios, y termina pidiendo justicia contra los enemigos.
El cuarto poema vuelve a la descripción del desastre: el oro se ha oscurecido, los nobles vagan ennegrecidos por las calles y las madres llegaron a cocer a sus propios hijos durante el asedio. Culpa a los profetas y a los sacerdotes, recuerda la captura del rey, «el ungido de Jehová», y anuncia a Edom, que se alegró de la caída, que también beberá la copa del castigo.
El quinto poema es una oración colectiva. Pide a Dios que mire la deshonra de su pueblo: han perdido sus casas, beben su agua pagando, las mujeres han sido violadas, los príncipes colgados, los jóvenes obligados a moler. El libro termina con una súplica, «Vuélvenos, oh Jehová, a ti, y nos volveremos», seguida de una duda abierta: Dios los ha rechazado y se ha airado contra ellos en gran manera.