Antiguo Testamento · Profetas menores
Joel
Joel
- 10 min
- Fácil
De qué trata
Una plaga de langostas sin precedentes y una sequía arrasan Judá. El profeta Joel describe la catástrofe, llama a los sacerdotes y al pueblo a ayunar y a volver a Dios, y la convierte en anuncio del «día de Jehová». Dios responde con la promesa de nuevas cosechas, el don de su espíritu a todos y el juicio de las naciones.
Por qué importa
Su promesa de que Dios derramará su espíritu «sobre toda carne» es el texto que Pedro cita en el relato de Pentecostés de los Hechos de los Apóstoles. Su valle de Josafat, lugar del juicio final, dio origen a las tumbas que cubren el valle del Cedrón y el monte de los Olivos en Jerusalén. Contiene una de las descripciones más vivas de una plaga de langostas de toda la literatura antigua.
Para quién es
Para cualquier lector: son solo tres capítulos de poesía intensa y fácil de seguir. Basta saber que la plaga de langostas era una catástrofe real y temida en la región.
Y será que después de esto, derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros viejos soñarán sueños, y vuestros mancebos verán visiones. (2:28)
Personajes
- Joel
- Profeta de Judá del que solo se conoce el nombre de su padre; su nombre significa «Yahvé es Dios».
- Pethuel
- Padre de Joel, del que no se sabe nada más.
- Sión
- El monte del templo de Jerusalén, donde se convoca al ayuno y desde donde Dios hablará.
- Josaphat
- Valle simbólico, «Yahvé juzga», donde Dios reunirá a las naciones para juzgarlas; la tradición lo identificó con el valle del Cedrón.
- Tiro
- Ciudad fenicia acusada de vender a los judíos como esclavos.
- Sidón
- Ciudad fenicia, vecina de Tiro, acusada del mismo crimen.
- Griegos
- Pueblo lejano al que los fenicios vendían los cautivos judíos.
- Sabeos
- Pueblo del sur de Arabia, conocido por su comercio, que aparece como comprador de esclavos.
- Egipto
- Enemigo tradicional que, según la profecía final, quedará asolado.
- Edom
- Pueblo vecino de Judá, condenado por haber derramado sangre inocente.
Contexto
El autor
Del profeta solo se sabe que era hijo de Pethuel. Su fecha es una de las más discutidas de la Biblia: la tradición, por la posición del libro entre Oseas y Amós, lo situó en el siglo VIII o IX a. C., y hay quien sigue defendiendo una fecha anterior al exilio. La mayoría de los especialistas lo coloca después del regreso de Babilonia, en los siglos V o IV a. C.: no menciona a ningún rey, el gobierno está en manos de sacerdotes y ancianos, el templo funciona, se cita a los griegos como compradores de esclavos y el texto alude a muchos otros profetas. Algunos piensan que los capítulos 2:28-3:21, de tono más apocalíptico, son de otra mano.
La época
Judea era entonces una pequeña provincia del Imperio persa, centrada en el templo reconstruido de Jerusalén. Las plagas de langosta del desierto, que pueden cubrir cientos de kilómetros cuadrados, eran una amenaza real para la agricultura de la región hasta el siglo XX. El libro usa la catástrofe agrícola como anuncio del «día de Jehová», un juicio de alcance cósmico, en un estilo que anticipa la literatura apocalíptica.
El texto y sus manuscritos
En la Biblia hebrea, los doce profetas menores forman un solo libro, «los Doce», que ya menciona el Eclesiástico hacia el 180 a. C. En el desierto de Judea se hallaron un rollo hebreo de los Doce de comienzos del siglo II d. C., en Wadi Murabba'at, muy cercano al texto masorético, y otro en griego, de Nahal Hever (siglo I a. C.), además de varios fragmentos en Qumrán. Las copias completas más antiguas son el Códice de Alepo (c. 930) y el de Leningrado (1008). La numeración de capítulos de la RV, como la de las Biblias latina y griega, difiere de la hebrea.
Resumen completo
Contiene spoilers: cuenta toda la historia, incluido el final.
El libro empieza preguntando a los ancianos si alguna vez vieron algo así: oleadas de insectos, la oruga, la langosta, el pulgón y el revoltón, han devorado todo, una tras otra. Las vides y las higueras están peladas, no queda grano ni vino para las ofrendas del templo, y los campos se secan. El profeta pide a los sacerdotes que se vistan de luto y convoquen un ayuno.
En el capítulo 2, la plaga se transforma en la imagen de un ejército que avanza como caballería, trepa los muros y entra por las ventanas, mientras el sol y la luna se oscurecen: es el «día de Jehová», grande y terrible. Pero aún hay tiempo de volver: «lacerad vuestro corazón, y no vuestros vestidos», porque Dios es misericordioso y tardo para la ira. Se toca la trompeta en Sión, se convoca a todos, desde los niños de pecho hasta los recién casados, y los sacerdotes lloran entre el pórtico y el altar.
Dios se compadece de su pueblo. Promete alejar al invasor del norte, enviar lluvia, llenar las eras de trigo y los lagares de vino y restituir «los años que comió la oruga». Después derramará su espíritu sobre toda carne, también sobre los siervos y las siervas: hijos e hijas profetizarán, los ancianos soñarán sueños y los jóvenes verán visiones. Habrá prodigios en el cielo, y quien invoque el nombre de Dios se salvará.
El último capítulo anuncia el juicio de las naciones en el valle de Josaphat, por haber dispersado al pueblo y repartido su tierra. Tiro, Sidón y los filisteos son acusados de vender a los judíos a los griegos. Las naciones son convocadas a la guerra con una inversión de la conocida profecía de paz: «Haced espadas de vuestros azadones». Dios ruge desde Sión, los montes destilarán mosto y Egipto y Edom quedarán desolados, mientras Judá será habitada para siempre y «Jehová morará en Sión».