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Jeremías Atribuido a Jeremías

Antiguo Testamento · Profetas mayores

Jeremías

Atribuido a Jeremías

Siglos VII–V a. C. · Judá

  • 3 h 38 min
  • Exigente

De qué trata

Recoge los oráculos, las quejas personales y la biografía del profeta Jeremías, que vivió los últimos cuarenta años del reino de Judá. Anunció que Jerusalén caería ante Babilonia, aconsejó rendirse, fue tomado por traidor, encarcelado y arrojado a una cisterna. Vio la destrucción de la ciudad en el 586 a. C. y acabó llevado a Egipto contra su voluntad.

Por qué importa

Es el profeta del que mejor conocemos la vida interior: sus «confesiones» lo muestran discutiendo con Dios, arrepentido de haber nacido. Su promesa de un «nuevo pacto» escrito en el corazón está en el origen del nombre «Nuevo Testamento». Su figura dejó en el idioma la palabra «jeremiada» y lo retrataron Miguel Ángel, en la Capilla Sixtina, y Rembrandt.

Para quién es

Para el lector interesado en la historia del fin del reino de Judá o en el drama de un hombre que dice lo que nadie quiere oír. Es el libro más largo de la Biblia en número de palabras, y el orden de sus partes no es cronológico, lo que lo hace exigente.

Antiguo Israel IntensoOscuro ProfecíaExilioGuerraLey y justicia

Mas éste es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en sus entrañas, y escribiréla en sus corazones; y seré yo a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. (31:33)

Personajes
Jeremías
Profeta de una familia sacerdotal de Anathoth que anunció durante cuarenta años la caída de Jerusalén ante Babilonia.
Baruch
Escriba y secretario de Jeremías, que puso por escrito sus oráculos y quizá parte de su biografía.
Josías
Rey reformador de Judá (640-609 a. C.), en cuyo reinado comenzó a profetizar Jeremías.
Joacim
Rey de Judá, hijo de Josías, que quemó el rollo de las profecías de Jeremías.
Jechônías
Rey de Judá deportado a Babilonia en el 597 a. C.; el libro lo llama también Conías.
Sedechîas
Último rey de Judá, indeciso entre los consejos de Jeremías y los de sus ministros, que fue cegado y llevado a Babilonia.
Nabucodonosor
Rey de Babilonia (605-562 a. C.) que conquistó Jerusalén y al que Jeremías presenta como instrumento de Dios.
Hananías
Profeta rival que anunció el pronto fin del dominio babilonio y rompió el yugo de madera que llevaba Jeremías.
Pashur
Sacerdote del templo que hizo azotar a Jeremías y lo puso en el cepo.
Ebed-melec
Funcionario etíope de la corte que salvó a Jeremías de morir en una cisterna llena de lodo.
Gedalías
Gobernador de Judá nombrado por Babilonia tras la caída de Jerusalén, asesinado poco después.
Ismael
Miembro de la familia real que asesinó a Gedalías, lo que provocó la huida de los judíos a Egipto.
Jehudí
Funcionario que leyó al rey Joacim el rollo de Jeremías mientras el rey lo iba quemando.
Anathoth
Aldea sacerdotal de Benjamín, cerca de Jerusalén, de donde era Jeremías.
Taphnes
Ciudad fronteriza de Egipto adonde los refugiados llevaron a Jeremías, y donde se pierde su rastro.
Contexto

El autor

La tradición atribuye el libro a Jeremías, con la ayuda de su escriba Baruch, y el propio libro cuenta que el profeta dictó sus oráculos y que luego «fueron añadidas sobre ellas muchas otras palabras». Los especialistas suelen distinguir tres tipos de materiales: los oráculos poéticos, muchos de los cuales pueden remontarse al profeta; los relatos biográficos en prosa, quizá de Baruch o de su círculo; y unos sermones en prosa de estilo muy parecido al del Deuteronomio, que se atribuyen a editores del exilio y de después. La existencia de dos ediciones distintas del libro, una más corta y otra más larga, muestra que su formación continuó durante siglos.

La época

Jeremías vivió el hundimiento del reino de Judá. Asiria se derrumbó, Egipto y Babilonia se disputaron Palestina y, tras la batalla de Karkemish (605 a. C.), Babilonia se impuso. Nabucodonosor tomó Jerusalén en el 597 a. C. y deportó al rey Joachîn. Ante una nueva rebelión, destruyó la ciudad y el templo en el 587 o 586 a. C. Las cartas militares de Laquis, escritas en trozos de cerámica en esos años, muestran el ambiente de aquellos días. Las raciones del rey Joachîn en Babilonia, que menciona el final del libro, aparecen en tablillas cuneiformes.

El texto y sus manuscritos

Jeremías es el libro en el que la Septuaginta griega más se aparta del hebreo. Es alrededor de una octava parte más corta, le faltan pasajes enteros, como 33:14-26, y coloca los oráculos contra las naciones en el centro del libro, tras 25:13, y en otro orden. En Qumrán aparecieron dos fragmentos hebreos que coinciden con la forma breve de la Septuaginta y otros que coinciden con el texto masorético, de modo que ambas ediciones circularon en hebreo. La mayoría de los especialistas cree que la versión corta es la más antigua. La RV1909 sigue el texto masorético, cuyas copias completas más antiguas son el Códice de Alepo (c. 930) y el de Leningrado (1008). El versículo 10:11 está en arameo.

Resumen completo

Contiene spoilers: cuenta toda la historia, incluido el final.

El libro empieza con la llamada del profeta, en el año trece del rey Josías (627 a. C.). Dios le dice que lo conocía antes de formarlo en el vientre y lo pone «sobre gentes y sobre reinos, para arrancar y para destruir, y para edificar y para plantar». Jeremías protesta que es solo un muchacho. Dos visiones, una vara de almendro y una olla hirviendo que se vuelca desde el norte, anuncian la amenaza que viene.

Los primeros capítulos acusan a Judá de haber abandonado a su Dios como una esposa infiel y anuncian la invasión de un enemigo del norte. En el «sermón del templo», Jeremías advierte que el templo no salvará a quienes oprimen al extranjero, al huérfano y a la viuda. Intercalados aparecen sus lamentos personales, las «confesiones»: se queja de las conspiraciones de su propia aldea, maldice el día en que nació y dice que la palabra de Dios es en él «como un fuego ardiente metido en mis huesos».

El profeta realiza también acciones simbólicas: entierra un cinto de lino hasta que se pudre, rompe una vasija de barro ante los ancianos, se abstiene de casarse y pasea con un yugo al cuello. Esto último lo enfrenta al profeta Hananías, que rompe el yugo y anuncia el fin cercano de Babilonia; Jeremías le predice la muerte, que llega ese mismo año. En una carta a los primeros deportados les aconseja construir casas, plantar huertos y buscar la paz de la ciudad en que viven, porque el exilio durará setenta años.

En los capítulos 30 a 33, el «libro de la consolación», el tono cambia: Dios hará volver a los cautivos, Raquel dejará de llorar por sus hijos y habrá un «nuevo pacto», con la ley escrita en el corazón. En plena guerra, Jeremías compra un campo en Anathoth como señal de que algún día se volverá a comprar tierra en Judá.

Siguen relatos en prosa, probablemente de la mano de su secretario Baruch. Jeremías dicta sus profecías, Baruch las lee en el templo, y el rey Joacim va cortando el rollo y echándolo al fuego; el profeta lo dicta de nuevo. Durante el asedio de Jerusalén, Jeremías es acusado de desertar, encarcelado y arrojado a una cisterna, de donde lo saca el etíope Ebed-melec. El rey Sedechîas lo consulta en secreto, pero no se atreve a rendirse.

Jerusalén cae. Los babilonios dejan libre a Jeremías, que se queda con el gobernador Gedalías. Cuando este es asesinado, los supervivientes huyen a Egipto por miedo a represalias y obligan a Jeremías a ir con ellos. En Taphnes y en otras ciudades egipcias sigue denunciando que el pueblo dé culto a la «reina del cielo». Un breve capítulo recoge una promesa personal a Baruch.

Los capítulos 46 a 51 contienen oráculos contra las naciones: Egipto, los filisteos, Moab, Ammón, Edom, Damasco y, sobre todo, Babilonia, cuya caída se anuncia en dos largos capítulos. El libro termina con un apéndice histórico, casi igual a 2 Reyes 24-25, que narra la toma de Jerusalén y la quema del templo, y concluye con el rey Joachîn, ya liberado de la cárcel, comiendo cada día a la mesa del rey de Babilonia.

Dominio público. Reina-Valera, revisión de 1909, vía eBible.org; acentuación modernizada. Números Strong de la misma edición.