Antiguo Testamento · Profetas menores
Hageo
Hageo
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- Fácil
De qué trata
Son cuatro breves discursos fechados con precisión en el otoño del 520 a. C. El profeta Hageo reprocha a los judíos que han vuelto de Babilonia que vivan en casas cómodas mientras el templo sigue en ruinas, y les asegura que sus malas cosechas son la consecuencia. Gracias a su impulso, el pueblo empieza las obras.
Por qué importa
Es un documento histórico de primer orden sobre la reconstrucción del templo de Jerusalén, el llamado segundo templo, que daría nombre a toda una época de la historia judía. Muestra las esperanzas de que la dinastía de David volviera a reinar con Zorobabel, esperanzas que no se cumplieron.
Para quién es
Para cualquier lector: son dos capítulos sencillos. Su asunto, la tensión entre el bienestar propio y el proyecto común, se entiende enseguida.
¿Es para vosotros tiempo, para vosotros, de morar en vuestras casas enmaderadas, y esta casa está desierta? (1:4)
Personajes
- Haggeo
- Profeta que impulsó la reconstrucción del templo de Jerusalén tras el regreso del exilio.
- Darío
- Darío I, rey de Persia (522-486 a. C.), cuyos años sirven para fechar los oráculos.
- Zorobabel
- Gobernador persa de Judea y nieto del rey Joaquín, en quien el profeta pone esperanzas de restauración de la dinastía de David.
- Sealtiel
- Padre de Zorobabel, hijo del rey Joaquín, deportado a Babilonia.
- Josué
- Sumo sacerdote de la comunidad que regresó del exilio, colaborador de Zorobabel.
- Josadac
- Padre del sumo sacerdote Josué, deportado a Babilonia.
Contexto
El autor
El libro habla del profeta en tercera persona y parece obra de un editor que reunió y fechó sus discursos poco después. Hageo, al que también menciona Esdras junto a Zacarías, no tiene genealogía, y nada se sabe de su vida. Por su insistencia en el templo y por la manera en que los cuatro oráculos están fechados, algunos especialistas piensan que el libro formó una obra conjunta con Zacarías 1-8.
La época
En el 539 a. C., Ciro de Persia conquistó Babilonia y permitió el regreso de los judíos deportados, pero la reconstrucción del templo se había detenido. En el 522-521 a. C., Darío I tuvo que aplastar revueltas en todo el imperio para afianzarse en el trono, y ese clima de inestabilidad explica que Hageo esperara un «temblor» de las naciones. Las fechas del libro corresponden a agosto-diciembre del 520 a. C. Según Esdras, el templo se terminó en el 515 a. C. Zorobabel, nieto del rey Joaquín, desaparece después de las fuentes sin dejar rastro.
El texto y sus manuscritos
En la Biblia hebrea, los doce profetas menores forman un solo libro, «los Doce», que ya menciona el Eclesiástico hacia el 180 a. C. En el desierto de Judea se hallaron un rollo hebreo de los Doce de comienzos del siglo II d. C., en Wadi Murabba'at, muy cercano al texto masorético, y otro en griego, de Nahal Hever (siglo I a. C.), además de varios fragmentos en Qumrán. Las copias completas más antiguas son el Códice de Alepo (c. 930) y el de Leningrado (1008). En la Septuaginta, Hageo tiene algunas frases que no están en el hebreo. En 2:7, la RV sigue la interpretación latina «el Deseado de todas las gentes».
Resumen completo
Contiene spoilers: cuenta toda la historia, incluido el final.
El primer día del sexto mes del segundo año de Darío, Haggeo se dirige al gobernador Zorobabel y al sumo sacerdote Josué. El pueblo dice que aún no es tiempo de reconstruir el templo, pero el profeta pregunta si es tiempo de vivir en casas revestidas de madera mientras la casa de Dios está desierta. Siembran mucho y recogen poco, comen y no se sacian, y el jornal se les va «en trapo horadado», porque cada uno se ocupa solo de su casa. Dios manda traer madera del monte y edificar.
Zorobabel, Josué y el pueblo obedecen y, tres semanas más tarde, empiezan a trabajar.
Un mes después, Haggeo anima a los que recuerdan el antiguo templo de Salomón y ven el nuevo como poca cosa. Dios hará temblar cielos y tierra y a todas las naciones, que traerán sus riquezas, y «la gloria de aquesta casa postrera será mayor que la de la primera».
Dos meses más tarde, Haggeo pregunta a los sacerdotes si lo santo santifica lo que toca y si lo impuro contamina, y aplica la respuesta al pueblo: mientras el templo no estaba en pie, todo lo que ofrecían era impuro. Desde el día en que se pusieron los cimientos, Dios los bendecirá.
Ese mismo día, un último oráculo se dirige a Zorobabel: Dios trastornará los tronos de los reinos y derribará sus carros, y en aquel día tomará a Zorobabel «como anillo de sellar», porque lo ha escogido.