Nuevo Testamento · Cartas de Pablo
Gálatas
Pablo de Tarso
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De qué trata
Es una carta escrita con urgencia y enfado a unas comunidades de Galacia, en Asia Menor, que Pablo había fundado. Otros misioneros les decían que, para pertenecer de verdad al pueblo de Dios, los no judíos debían circuncidarse y cumplir la Ley de Moisés. Pablo responde que eso anula el evangelio, cuenta su propia historia y defiende la libertad de los creyentes.
Por qué importa
Es un documento clave sobre el momento en que el cristianismo empezó a separarse del judaísmo y a abrirse a todos los pueblos. Su autobiografía (capítulos 1 y 2) es una de las fuentes más antiguas sobre Pablo, Pedro y Jacobo. Lutero la llamaba su carta preferida, y su frase «no hay Judío, ni Griego; no hay siervo, ni libre; no hay varón, ni hembra» se ha citado en debates sobre la igualdad, desde la abolición de la esclavitud hasta hoy.
Para quién es
Para el lector que quiera entender en pocas páginas la idea central de Pablo y el conflicto que la provocó. Es breve, intensa y muy personal. Algunos argumentos basados en el Antiguo Testamento, como la alegoría de Agar y Sara, requieren atención.
No hay Judío, ni Griego; no hay siervo, ni libre; no hay varón, ni hembra: porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. (3:28)
Personajes
- Pablo
- Autor de la carta, que defiende con vehemencia su evangelio y su independencia como apóstol.
- Pedro
- Apóstol al que Pablo visita en Jerusalén y al que luego reprocha en público en Antioquía.
- Jacobo
- «El hermano del Señor», una de las columnas de la iglesia de Jerusalén.
- Bernabé
- Compañero de misión de Pablo que, según la carta, se dejó arrastrar en Antioquía.
- Tito
- Colaborador griego al que no se obligó a circuncidarse en Jerusalén.
- Abraham
- Patriarca a quien Pablo presenta como padre de todos los que creen, judíos o no.
- Agar
- Esclava de Abraham, que Pablo usa en una alegoría como figura de la servidumbre a la Ley.
- Galacia
- Región de Asia Menor donde vivían las comunidades destinatarias.
- Antioquía
- Ciudad de Siria donde se produjo el choque entre Pablo y Pedro.
- Arabia
- Región adonde Pablo se retiró tras su conversión.
Contexto
El autor
Es una de las cartas indiscutidas de Pablo; su estilo apasionado y sus datos autobiográficos se consideran inequívocamente suyos. Sus adversarios eran probablemente misioneros cristianos de origen judío que enseñaban que los no judíos convertidos debían circuncidarse, y que quizá invocaban la autoridad de Jerusalén. Solo conocemos su postura a través de lo que Pablo dice de ellos.
La época
La fecha y los destinatarios se discuten. Según la hipótesis de la «Galacia del norte», Pablo escribe a los gálatas propiamente dichos, pueblos de origen celta asentados en el centro de Anatolia, hacia el año 53–55, quizá desde Éfeso o Macedonia. Según la de la «Galacia del sur», escribe a las ciudades de la provincia romana visitadas en su primer viaje, como Iconio y Listra, y la carta podría ser de finales de los 40, lo que la haría la más antigua de Pablo. También se discute cómo encaja la reunión de Jerusalén del capítulo 2 con la que narra Hechos 15. El trasfondo es la gran pregunta de la primera generación: si los no judíos debían hacerse judíos para seguir a Jesús.
El texto y sus manuscritos
El manuscrito más antiguo es el papiro P46, de hacia el año 200, seguido de los Códices Sinaítico y Vaticano, del siglo IV. El texto no presenta problemas graves; en 1:18, 2:11 y 2:14 los manuscritos más antiguos dicen «Cefas» donde la RV1909 dice «Pedro». El Nuevo Testamento de la RV1909 sigue el *Textus Receptus*, que añade al final una nota de copista sobre el lugar de envío.
Resumen completo
Contiene spoilers: cuenta toda la historia, incluido el final.
Pablo se presenta como apóstol «no de los hombres, ni por hombre», sino enviado por Jesucristo y por Dios. Sin la acción de gracias habitual, expresa su asombro de que los gálatas se hayan pasado tan pronto a «otro evangelio» y lanza una maldición contra quien predique uno distinto.
Para demostrar que su evangelio no lo recibió de ningún hombre, cuenta su vida: fue un celoso perseguidor de la iglesia, hasta que Dios le reveló a su Hijo. No consultó a nadie, se fue a Arabia y volvió a Damasco; solo tres años después subió a Jerusalén a conocer a Pedro, y vio también a Jacobo. Catorce años más tarde volvió con Bernabé y Tito, y las «columnas» de la iglesia, Jacobo, Cefas y Juan, reconocieron su misión entre los no judíos sin exigir que Tito se circuncidara.
Luego relata un enfrentamiento en Antioquía: Pedro comía con los cristianos no judíos, pero cuando llegaron unos enviados de Jacobo se apartó por miedo, y otros lo imitaron, incluso Bernabé. Pablo le reprochó en público su incoherencia. De ahí extrae su tesis: nadie es justificado por las obras de la Ley, sino por la fe en Jesucristo.
En los capítulos 3 y 4 argumenta con las Escrituras. Abraham creyó a Dios y eso le fue contado por justicia, de modo que los que creen son sus verdaderos hijos. La Ley llegó 430 años después y fue como un tutor hasta la llegada de Cristo; ahora, en él, ya no hay diferencias entre judío y griego, esclavo y libre, varón y mujer. Recuerda con cariño cómo los gálatas lo acogieron cuando estaba enfermo y propone una alegoría: Agar, la esclava, representa la servidumbre a la Ley, y la mujer libre representa la promesa.
Los capítulos 5 y 6 sacan las consecuencias: «Cristo nos hizo libres», y circuncidarse sería volver a la esclavitud. Pablo llega a desear, con sarcasmo, que quienes los inquietan se mutilen. Pero la libertad no es excusa para la carne: hay que servirse por amor, porque toda la Ley se cumple en «amarás a tu prójimo como a ti mismo». Enumera las obras de la carne y el fruto del Espíritu, y pide sobrellevar las cargas unos de otros.
Al final escribe de su propia mano, «en cuán grandes letras», insiste en que lo que importa no es la circuncisión sino «la nueva criatura» y dice llevar en su cuerpo las marcas de Jesús. Termina con una bendición.