Nuevo Testamento · Cartas de Pablo
Filipenses
Pablo de Tarso
- 12 min
- Fácil
De qué trata
Es una carta afectuosa de Pablo, desde la cárcel, a la comunidad de Filipos, la que más lo había apoyado. Les agradece una ayuda económica, les da noticias de su situación, los anima a mantenerse unidos y humildes, y los previene contra ciertos predicadores. La alegría es su tema dominante, a pesar de que Pablo no sabe si saldrá con vida.
Por qué importa
Contiene uno de los textos cristianos más antiguos: un himno a Cristo (2:6-11) que probablemente es anterior a la propia carta y que describe cómo se «anonadó a sí mismo» hasta la muerte; de él procede el concepto teológico de la *kénosis*. Frases como «Gozaos en el Señor siempre» o «todo lo puedo en Cristo que me fortalece» se han vuelto muy populares, y la última se ve hoy hasta en camisetas deportivas.
Para quién es
Para quien quiera conocer el lado más cálido y personal de Pablo en pocas páginas. Es breve, clara y emotiva. Es una buena primera carta de Pablo para un lector que empieza.
Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. (1:21)
Personajes
- Pablo
- Autor de la carta, preso y sin saber si será liberado o ejecutado.
- Timoteo
- Colaborador al que Pablo piensa enviar a Filipos y del que hace un gran elogio.
- Epafrodito
- Enviado de los filipenses con una ayuda para Pablo, que cayó gravemente enfermo junto a él.
- Euodias
- Mujer de la comunidad, colaboradora de Pablo, a la que este pide reconciliarse con Syntychê.
- Syntychê
- Otra colaboradora de Pablo, enfrentada con Euodias.
- Clemente
- Colaborador de Pablo en Filipos.
- Filipos
- Colonia romana de Macedonia, la primera ciudad de Europa donde Pablo fundó una comunidad.
Contexto
El autor
Es una de las siete cartas indiscutidas de Pablo. Lo que sí se discute es su unidad: el cambio brusco de tono en 3:2 y el agradecimiento tardío en 4:10-20 han llevado a algunos especialistas a pensar que reúne dos o tres cartas breves, aunque muchos la consideran una sola. El himno de 2:6-11, por su ritmo y su vocabulario, se considera a menudo una composición anterior que Pablo cita.
La época
Pablo escribe desde una prisión, pero no se sabe cuál. La tradición y muchos estudiosos piensan en Roma, hacia el año 60–62, por las menciones al «pretorio» y a la «casa de César»; otros proponen Éfeso, hacia el 54–55, por la cercanía con Filipos y los frecuentes viajes que supone la carta, y otros Cesarea. Filipos era una colonia romana en Macedonia, poblada por veteranos del ejército y orgullosa de su ciudadanía romana, lo que quizá explica las imágenes cívicas de la carta.
El texto y sus manuscritos
El manuscrito más antiguo es el papiro P46, de hacia el año 200, seguido de los Códices Sinaítico y Vaticano, del siglo IV. El texto está bien conservado y no presenta problemas importantes. El Nuevo Testamento de la RV1909 sigue el *Textus Receptus*, que añade al final una nota de copista sobre el lugar de redacción.
Resumen completo
Contiene spoilers: cuenta toda la historia, incluido el final.
Pablo y Timoteo saludan a los creyentes de Filipos, con sus obispos y diáconos. Pablo da gracias por su colaboración desde el primer día y cuenta que su prisión ha servido para difundir el evangelio, porque todo el pretorio sabe por qué está preso. Algunos predican por rivalidad con él, pero no le importa, mientras Cristo sea anunciado.
Reflexiona sobre su posible muerte: para él, «el vivir es Cristo, y el morir es ganancia»; preferiría partir, pero cree que seguirá vivo para bien de ellos. Les pide vivir unidos y sin rivalidades, considerando a los demás superiores a sí mismos, y les propone el ejemplo de Cristo con un himno: siendo de condición divina, se despojó, tomó forma de siervo, se humilló hasta la muerte de cruz, y por eso Dios lo exaltó para que toda rodilla se doble ante él.
Anuncia que pronto enviará a Timoteo, su colaborador más fiel, y que devuelve a Epafrodito, el enviado de los filipenses, que estuvo a punto de morir de una enfermedad. En el capítulo 3 el tono se endurece: advierte contra quienes exigen la circuncisión y cuenta que él tenía motivos de sobra para presumir como judío, «de la tribu de Benjamín, Hebreo de Hebreos» y fariseo, pero que todo eso lo considera pérdida al lado de conocer a Cristo. Se compara con un corredor que prosigue hacia la meta.
En el capítulo 4 pide a dos colaboradoras, Euodias y Syntychê, que se pongan de acuerdo; invita a alegrarse siempre, a no inquietarse y a pensar en todo lo verdadero, honesto, justo, puro y amable. Agradece el donativo que le enviaron, aunque dice haber aprendido a vivir tanto en la abundancia como en la escasez. Envía saludos, también de los «de casa de César», y una bendición.