Nuevo Testamento · Cartas de Pablo
Efesios
Atribuido a Pablo
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De qué trata
Es una carta más parecida a un tratado o a un sermón que a una respuesta a problemas concretos. Su primera mitad celebra, con frases largas y solemnes, el plan de Dios de reunir en Cristo a judíos y no judíos en una sola Iglesia; la segunda da consejos para la vida de la comunidad y de la familia. Termina con la famosa imagen de la «armadura de Dios».
Por qué importa
Su visión de la Iglesia como cuerpo de Cristo y de la unidad («un Señor, una fe, un bautismo») fue fundamental para la teología cristiana posterior. Sus normas para la casa, que piden a las esposas sujetarse a los maridos y a los esclavos obedecer a sus amos, han pesado mucho en la historia de la familia y se debaten hasta hoy. La «armadura de Dios» inspiró sermones, himnos e iconografía de guerreros espirituales.
Para quién es
Para el lector interesado en cómo pensaba la segunda generación cristiana sobre sí misma. Su estilo es elevado y repetitivo, con oraciones muy largas, pero las ideas son claras. Es interesante leerla junto con Colosenses, con la que comparte mucho texto.
Airaos, y no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo; (4:26)
Personajes
- Pablo
- Remitente de la carta, que se presenta como «prisionero de Cristo Jesús» por los gentiles.
- Tichîco
- Colaborador de Pablo encargado de llevar la carta y dar noticias suyas.
- Israel
- El pueblo de la promesa, del que los gentiles estaban excluidos y al que ahora se unen, según la carta.
- Efeso
- Gran ciudad de Asia Menor, sede del templo de Artemisa, a la que la tradición asigna la carta.
Contexto
El autor
La carta se presenta como de Pablo, y así la leyó la tradición. Sin embargo, una mayoría de especialistas, aunque no todos, la considera «deuteropaulina»: escrita después de su muerte por un discípulo que hablaba en su nombre, algo habitual en la Antigüedad. Los argumentos son su vocabulario y estilo, distintos de las cartas indiscutidas; su idea de la Iglesia universal, más desarrollada; su tono impersonal, raro en una carta a una ciudad donde Pablo vivió tres años; y su fuerte dependencia de Colosenses, de la que parece una reelaboración. Quienes defienden la autoría de Pablo la sitúan en su prisión en Roma, hacia el año 60–62.
La época
Si es deuteropaulina, se escribió hacia los años 80–90, probablemente en Asia Menor, cuando las comunidades fundadas por Pablo empezaban a organizarse como una Iglesia estable, con ministerios definidos, y el tema principal ya no era si los gentiles podían entrar, sino cómo convivir con los judeocristianos en un solo cuerpo. Las normas domésticas reproducen el modelo de la casa grecorromana, encabezada por el padre de familia, con esposa, hijos y esclavos a su cargo.
El texto y sus manuscritos
El manuscrito más antiguo es el papiro P46, de hacia el año 200, seguido de los Códices Sinaítico y Vaticano, del siglo IV. Los tres omiten las palabras «en Éfeso» del primer versículo, lo que lleva a pensar que era una carta circular para varias comunidades; en el siglo II, Marción la conocía como carta «a los laodicenses». El Nuevo Testamento de la RV1909 sigue el *Textus Receptus*, que añade al final una nota de copista sobre el lugar de redacción.
Resumen completo
Contiene spoilers: cuenta toda la historia, incluido el final.
La carta se abre con un saludo de Pablo y una larga alabanza a Dios, que eligió a los creyentes antes de la creación, los adoptó como hijos y les dio a conocer «el misterio de su voluntad»: reunir todas las cosas en Cristo. El autor pide que sus lectores comprendan el poder con que Dios resucitó a Cristo y lo puso por encima de todo poder, como cabeza de la Iglesia, que es su cuerpo.
Recuerda a los lectores, antes paganos, que estaban «muertos en pecados» y que han sido salvados por gracia, mediante la fe, no por obras. Antes estaban lejos, excluidos de Israel; ahora Cristo ha derribado «la pared intermedia de separación» y ha hecho de judíos y gentiles un solo pueblo, un templo de Dios. Pablo se presenta como prisionero y como el encargado de anunciar este misterio, y ora para que conozcan el amor de Cristo, que excede todo conocimiento.
A partir del capítulo 4, la carta exhorta a vivir de acuerdo con esa vocación: guardar la unidad, porque hay «un cuerpo, y un Espíritu», y crecer gracias a los distintos ministerios de apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros. Pide dejar al «viejo hombre» y vestirse del nuevo, decir la verdad, no dejar que el enojo dure hasta la puesta del sol, no robar, perdonarse y evitar la impureza y las borracheras.
Siguen normas para la casa: las mujeres deben estar sujetas a sus maridos y los maridos amar a sus mujeres como Cristo ama a la Iglesia, en un «misterio grande» que une matrimonio y Cristo; los hijos deben obedecer a sus padres y los padres no provocarlos; los siervos deben obedecer a sus amos y los amos tratarlos sin amenazas, porque ambos tienen el mismo Señor en el cielo.
Por último, la carta llama a vestirse «de toda la armadura de Dios» para resistir no a enemigos de carne y sangre, sino a poderes espirituales: el cinturón de la verdad, la coraza de la justicia, el escudo de la fe, el yelmo de la salud y la espada del Espíritu. Pide oraciones por Pablo, preso, anuncia que Tichîco les llevará noticias y termina con una bendición.