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Eclesiastés Qohélet (anónimo)

Antiguo Testamento · Poéticos y sapienciales

Eclesiastés

Qohélet (anónimo)

Siglo III a. C. · Judea

  • 31 min
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De qué trata

Un sabio que se presenta como rey de Jerusalén cuenta cómo lo probó todo: el placer, la riqueza, las grandes obras, la sabiduría. Su conclusión es que todo es «vanidad», es decir, soplo o humo, porque nada permanece y la muerte iguala al sabio y al necio. Aun así, recomienda disfrutar del pan, del vino y de la vida mientras dure.

Por qué importa

Es el libro más escéptico de la Biblia y uno de los más modernos en el tono. Frases como «nada hay nuevo debajo del sol», «hay un tiempo para todo» o «vanidad de vanidades» son patrimonio universal. Inspiró desde la canción *Turn! Turn! Turn!* hasta el título de *Fiesta (The Sun Also Rises)* de Hemingway, y ha sido leído por moralistas, existencialistas y poetas.

Para quién es

Para quien disfruta de la filosofía y de las preguntas sin respuesta fácil. Es breve y su lenguaje es sencillo, pero sus ideas van y vienen y a veces se contradicen, lo que obliga a leerlo con atención.

Judaísmo del Segundo Templo Para pensar SabiduríaMuerte y esperanzaLibertad y destino

Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo vanidad. (1:2)

Personajes
Predicador
Traducción del hebreo *Qohélet*, «el que reúne a la asamblea»: el sabio que habla en el libro y se presenta como rey en Jerusalén.
David
Rey de Israel; el Predicador se presenta como su hijo, lo que la tradición leyó como una alusión a Salomón.
Jerusalem
La ciudad donde el Predicador dice haber reinado y emprendido sus experimentos con el placer y la sabiduría.
Contexto

El autor

El autor se llama a sí mismo *Qohélet*, palabra de sentido incierto que suele entenderse como «el que convoca la asamblea»; de ahí el griego *Ekklesiastés* y el castellano «Predicador». Como se presenta como hijo de David y rey en Jerusalén, la tradición judía y cristiana lo identificó con Salomón. Hoy casi todos los especialistas lo consideran un sabio anónimo que adoptó el disfraz literario de Salomón durante los dos primeros capítulos y luego lo abandonó. El epílogo (12:9-14) parece obra de uno o dos editores posteriores que quisieron presentar al maestro y suavizar su mensaje.

La época

La lengua del libro es un hebreo tardío, con influencia aramea y palabras persas como *pardes*, «huerto», el origen remoto de «paraíso». Por eso se fecha en general en el siglo III a. C., cuando Judea formaba parte del reino de los Ptolomeos de Egipto, una época de comercio, administración y nuevas ideas griegas. Algunos especialistas lo sitúan un poco antes, a finales de la época persa. Su escepticismo ante la idea de una recompensa después de la muerte encaja con un momento anterior a la extensión de la fe en la resurrección.

El texto y sus manuscritos

Su lugar en la Biblia fue discutido: la Misná recoge un debate entre rabinos sobre si debía considerarse sagrado, y la atribución a Salomón y el epílogo ayudaron a aceptarlo. En Qumrán se hallaron dos fragmentos; uno de ellos, de mediados del siglo II a. C., es una de las copias bíblicas más cercanas a la fecha de composición del libro. La copia hebrea completa más antigua es el Códice de Leningrado (1008). La Septuaginta traduce el hebreo de forma muy literal. En la sinagoga se lee en la fiesta de las Cabañas.

Resumen completo

Contiene spoilers: cuenta toda la historia, incluido el final.

El libro se abre con su lema: «Vanidad de vanidades, todo vanidad». Un poema describe el mundo como un ciclo sin fin: las generaciones pasan, el sol sale y se pone, los ríos van al mar y el mar nunca se llena. «Nada hay nuevo debajo del sol».

Qohélet, el Predicador, cuenta luego su experimento. Como rey en Jerusalén se dedicó a la sabiduría, y descubrió que con ella crece el dolor. Probó el placer, el vino, construyó casas, plantó huertos, reunió esclavos, tesoros y cantantes. Al mirar todo lo que había hecho, concluyó que era vanidad y «aflicción de espíritu», porque el sabio muere igual que el necio y tendrá que dejar su trabajo a otro que quizá sea un insensato.

En el capítulo 3, un célebre poema enumera los tiempos de la vida: tiempo de nacer y de morir, de plantar y de arrancar, de llorar y de reír, de amar y de aborrecer. Dios lo hizo todo hermoso a su tiempo, pero el ser humano no alcanza a comprender su obra. Hombres y animales tienen el mismo final: todo vuelve al polvo.

Los capítulos siguientes alternan observaciones amargas y consejos prácticos. Qohélet ve la opresión sin consuelo, la envidia que mueve el trabajo, la soledad del que acumula sin tener a quién dejar nada. Aconseja no hacer votos a la ligera, desconfiar de las riquezas y no ser «demasiado justo» ni hacer «mal mucho». Comprueba que la justicia no siempre se cumple en esta vida y que el tiempo y la ocasión deciden la suerte de todos.

Una y otra vez vuelve la misma recomendación: comer el pan con gozo, beber el vino con alegría, gozar de la vida con la mujer amada y hacer con empeño lo que se tenga a mano, porque en el sepulcro no hay obra ni saber. También anima a arriesgar y a ser generoso: «Echa tu pan sobre las aguas».

El último poema invita al joven a alegrarse y a acordarse de su Creador antes de que llegue la vejez, descrita con imágenes de una casa que se derrumba, hasta que «el polvo se torne a la tierra» y el espíritu vuelva a Dios. El lema inicial se repite: «Vanidad de vanidades, todo vanidad».

Un epílogo, escrito en tercera persona, presenta a Qohélet como un sabio que enseñó al pueblo y advierte de que «no hay fin de hacer muchos libros». El libro concluye con una advertencia más tradicional: «Teme a Dios, y guarda sus mandamientos».

Dominio público. Reina-Valera, revisión de 1909, vía eBible.org; acentuación modernizada. Números Strong de la misma edición.