Antiguo Testamento · Pentateuco
Deuteronomio
Atribuido a Moisés
- 2 h 23 min
- Media
De qué trata
Es la despedida de Moisés. En las llanuras de Moab, a punto de morir y sin poder entrar en la tierra prometida, recuerda al pueblo el viaje por el desierto, repite los Diez Mandamientos y expone un extenso código de leyes. El libro termina con su canto final, su bendición sobre las tribus y su muerte en el monte Nebo, desde donde ve la tierra a la que no llegará.
Por qué importa
Contiene el Shemá, «Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es», la oración central del judaísmo, y la idea de un solo Dios ligado a un solo pueblo por un pacto, que marcó el monoteísmo posterior. Su visión de la historia —obedecer trae bendición, desobedecer trae ruina— sirvió para escribir los libros de Josué a Reyes. Jesús lo cita en el desierto («no con solo el pan vivirá el hombre») y sus leyes sobre los pobres, el extranjero o los jueces imparciales siguen apareciendo en debates de ética.
Para quién es
Para quien quiera entender el núcleo de la religión de Israel en su propia voz. Es más legible que el Levítico o los Números: se escribió como un discurso para ser escuchado, con frases que se repiten y un tono apasionado. Los capítulos 4 a 11 y 30 a 34 son los mejores para empezar.
Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es (6:4)
Personajes
- Moisés
- El anciano líder que, antes de morir, despide a su pueblo con tres largos discursos.
- Josué
- Hijo de Nun, elegido para suceder a Moisés y guiar la entrada en Canaán.
- Aarón
- Hermano de Moisés, recordado en los discursos por su muerte en el desierto.
- Sehón
- Rey amorreo de Hesbón, vencido por los israelitas al negarles el paso.
- Og
- Rey de Basán, el último de los gigantes, famoso por su enorme cama de hierro.
- Horeb
- Nombre que el Deuteronomio da al monte de la alianza, llamado Sinaí en otros libros.
- Moab
- Reino junto al mar Muerto en cuyos campos Moisés pronuncia sus discursos y muere.
- Jordán
- El río que el pueblo debe cruzar para entrar en la tierra prometida.
- Ebal
- Monte donde se levantarán piedras con la ley y se proclamarán las maldiciones.
- Gerizim
- Monte frente al Ebal desde el que se proclamarán las bendiciones.
- Nebo
- Monte desde cuya cumbre Moisés contempla la tierra prometida antes de morir.
Contexto
El autor
La tradición lo atribuye a Moisés, aunque ya el Talmud se preguntaba quién escribió el relato de su muerte y lo atribuía a Josué. En 1805 W. M. L. de Wette propuso identificar el Deuteronomio con el «libro de la ley» hallado en el templo en tiempos del rey Josías, hacia el 622 a. C. (2 Reyes 22), cuya reforma —un solo santuario en Jerusalén, eliminación de otros cultos— coincide con lo que el libro exige. Hoy casi todos los especialistas aceptan que su núcleo, el código de los capítulos 12–26, se compuso en Judá en el siglo VII a. C., quizá a partir de tradiciones del reino del norte, y que el libro se amplió durante el exilio en Babilonia, en el siglo VI. Sus autores, a quienes se llama «deuteronomistas», habrían escrito también o reelaborado la historia de Josué a Reyes con el mismo estilo y la misma teología.
La época
En el siglo VII a. C. Judá era un pequeño reino vasallo del Imperio asirio. Los especialistas han señalado que la estructura del libro —historia, estipulaciones, bendiciones y maldiciones, testigos— imita los tratados de vasallaje de Oriente Próximo, y que algunas maldiciones del capítulo 28 se parecen mucho a las de los tratados del rey asirio Asarhadón (672 a. C.): el pacto con Jehová sustituye la lealtad al emperador. Cuando Babilonia destruyó Jerusalén en el 587 a. C., las amenazas de destierro del libro se leyeron como cumplidas, y los capítulos que hablan de dispersión y regreso reflejan probablemente esa experiencia.
El texto y sus manuscritos
El nombre «Deuteronomio» significa en griego «segunda ley» y nace de cómo la Septuaginta tradujo 17:18, donde el hebreo habla de una «copia» de esta ley. Fue uno de los libros más leídos en Qumrán, con unos treinta manuscritos entre los Rollos del Mar Muerto, y el Papiro Nash (siglo II a. C.), hallado en Egipto, contiene los Diez Mandamientos y el Shemá. La base de las traducciones es el texto masorético; el Códice de Alepo (c. 930) conserva el libro desde 28:17, y el Códice de Leningrado (1008) lo tiene completo. El Cántico de Moisés (capítulo 32) presenta las diferencias más interesantes entre el hebreo, el griego y los manuscritos de Qumrán. La RV1909 traduce del hebreo.
Resumen completo
Contiene spoilers: cuenta toda la historia, incluido el final.
El libro se presenta como las palabras que Moisés dirigió a todo Israel al otro lado del Jordán, en el año cuarenta tras la salida de Egipto. En su primer discurso (capítulos 1–4) repasa el camino desde el Horeb: el miedo del pueblo ante los gigantes de Canaán, que le costó cuarenta años de desierto, el rodeo por Edom y Moab y las victorias sobre Sehón y Og, cuyas tierras se repartieron Rubén, Gad y media tribu de Manasés. Termina con una advertencia: Dios no tiene figura, así que no deben hacerle imágenes ni adorar a los astros.
El segundo discurso empieza con la repetición de los Diez Mandamientos (capítulo 5), con pequeñas diferencias respecto al Éxodo: por ejemplo, el descanso del sábado se justifica por la liberación de la esclavitud en Egipto y no por el reposo de Dios en la creación. Sigue el Shemá, que manda amar a Dios «de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todo tu poder», llevar estas palabras atadas a la mano y escribirlas en los postes de la casa. Moisés insiste en que Israel no fue elegido por ser numeroso o justo, sino por amor y por la promesa a los patriarcas, y le recuerda el maná y el becerro de oro.
Los capítulos 12 a 26 forman el código deuteronómico. Su ley principal es que solo se ofrezcan sacrificios en «el lugar que Jehová vuestro Dios escogiere», un santuario único. Manda destruir los altares cananeos y castigar a quien incite a adorar a otros dioses, aunque sea un profeta o un familiar. Regula los alimentos, el diezmo, el perdón de las deudas cada siete años, la liberación de los esclavos, las tres fiestas de peregrinación, los jueces, el rey —que no debe acumular caballos, mujeres ni oro, y debe copiar esta ley—, los sacerdotes y los profetas, y anuncia que Dios suscitará «un profeta como yo».
Siguen leyes sobre las ciudades de refugio, la guerra —con normas de exención y la orden de exterminar a los pueblos de Canaán—, el homicidio sin culpable conocido, la familia, el divorcio, los préstamos y la protección del extranjero, el huérfano y la viuda. El código termina con la ofrenda de los primeros frutos, acompañada de una breve confesión de la historia del pueblo que empieza «Un Siro a punto de perecer fue mi padre».
Moisés ordena que, tras cruzar el Jordán, se escriba la ley en piedras sobre el monte Ebal y que las tribus proclamen bendiciones desde el Gerizim y maldiciones desde el Ebal. El capítulo 28 desarrolla las bendiciones de la obediencia y, con mucho más detalle, las maldiciones de la desobediencia: enfermedad, derrota, asedio, hambre y dispersión entre las naciones. En el tercer discurso, Moisés renueva el pacto en Moab, anuncia que si el pueblo se dispersa y vuelve a Dios será reunido de nuevo, y pone ante él la elección: «escoge pues la vida».
Moisés, que tiene ciento veinte años, entrega el mando a Josué, escribe la ley y la confía a los sacerdotes para que se lea cada siete años ante todo el pueblo. Después recita un largo poema, el Cántico de Moisés (capítulo 32), sobre la fidelidad de Dios y la ingratitud de Israel, y bendice una a una a las tribus (capítulo 33).
Al final, Moisés sube al monte Nebo, a la cumbre de Pisga, y Dios le muestra toda la tierra prometida, en la que no entrará. Muere allí y es enterrado en un valle de Moab, «y ninguno sabe su sepulcro hasta hoy». El pueblo lo llora treinta días; Josué, lleno de espíritu de sabiduría, toma el mando, y el libro cierra diciendo que nunca más se levantó en Israel un profeta como Moisés, a quien Dios conoció cara a cara.