Antiguo Testamento · Profetas mayores
Daniel
Anónimo
- 1 h 3 min
- Media
De qué trata
La primera mitad cuenta historias de Daniel y sus tres compañeros, judíos deportados que sirven en la corte de Babilonia y Persia sin renunciar a su fe: el horno de fuego, el festín de Belsasar, el foso de los leones. La segunda mitad recoge visiones en las que Daniel ve sucederse cuatro imperios, representados como bestias, hasta que Dios establece un reino eterno.
Por qué importa
Es el ejemplo más completo de literatura apocalíptica en la Biblia hebrea y el modelo del Apocalipsis de Juan. Contiene la primera afirmación clara de la resurrección de los muertos y la figura del «hijo de hombre» que viene en las nubes, clave para los evangelios. «La escritura en la pared» o el «festín de Baltasar» se volvieron proverbiales, y lo pintaron Rembrandt y Rubens.
Para quién es
Para quien disfruta de las historias de corte y de los enigmas. Los relatos se leen con facilidad; las visiones, llenas de símbolos y de alusiones a la historia helenística, piden más atención o una guía.
Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua. (12:2)
Personajes
- Daniel
- Joven noble de Judá deportado a Babilonia que interpreta sueños, sobrevive a los leones y recibe visiones del fin de los tiempos.
- Nabucodonosor
- Rey de Babilonia que sueña con una estatua de cuatro metales y acaba comiendo hierba como un buey.
- Belsasar
- Gobernante de Babilonia que profana los vasos del templo en un banquete y ve una mano escribir en la pared.
- Darío
- «Darío de Media», rey que manda echar a Daniel a los leones; no lo mencionan las fuentes históricas.
- Ciro
- Rey de Persia, en cuyo tercer año se fecha la última visión de Daniel.
- Aspenaz
- Jefe de los eunucos de Nabucodonosor, encargado de educar a los jóvenes judíos en la corte.
- Arioch
- Capitán de la guardia de Nabucodonosor, encargado de ejecutar a los sabios de Babilonia.
- Sadrach
- Nombre babilonio de Ananías, uno de los tres compañeros de Daniel arrojados al horno de fuego.
- Mesach
- Nombre babilonio de Misael, otro de los tres jóvenes del horno.
- Abed-nego
- Nombre babilonio de Azarías, el tercero de los jóvenes que se negaron a adorar la estatua de oro.
- Gabriel
- Ángel que explica a Daniel sus visiones; es el primer ángel con nombre propio de la Biblia hebrea, junto a Miguel.
- Miguel
- Ángel «príncipe» protector del pueblo de Israel, que luchará por él en el tiempo final.
- Anciano de grande edad
- Figura de Dios como juez entronizado, de vestido blanco y cabello como lana, en la visión del capítulo 7.
- Babilonia
- Capital del imperio donde transcurren los relatos de la corte.
Contexto
El autor
La tradición judía y cristiana consideró el libro obra de Daniel, un judío deportado en el siglo VI a. C. Ya en el siglo III d. C., el filósofo Porfirio sostuvo que se había escrito durante la persecución de Antíoco IV, y hoy es la opinión casi unánime de los especialistas. Las «profecías» del capítulo 11 describen con precisión las guerras entre los reinos helenísticos hasta los años 167-165 a. C., pero se equivocan al anunciar cómo y dónde morirá Antíoco, que murió en Persia a finales del 164 a. C. El autor es anónimo y probablemente pertenecía a los círculos de los «sabios» judíos que resistieron la helenización. Los relatos de los capítulos 1-6 son más antiguos, quizá de los siglos IV-III a. C., y circularon antes por separado.
La época
En el 167 a. C., el rey seléucida Antíoco IV Epífanes prohibió las prácticas judías y dedicó el templo de Jerusalén a Zeus; es la «abominación espantosa». Estalló entonces la revuelta de los Macabeos, que terminó con la purificación del templo en el 164 a. C., origen de la fiesta de Janucá. El libro intenta sostener a los perseguidos: los imperios pasan y Dios tiene la última palabra. Los relatos contienen errores históricos que encajan con esa distancia en el tiempo: Belsasar era hijo de Nabonido, no de Nabucodonosor, y nunca fue rey; y no se conoce ningún «Darío de Media» entre la caída de Babilonia y Ciro.
El texto y sus manuscritos
El libro está escrito en dos lenguas: hebreo en 1:1-2:4a y en los capítulos 8-12, y arameo desde 2:4b hasta el final del capítulo 7. En Qumrán se hallaron ocho copias, una de ellas de finales del siglo II a. C., muy poco posterior a su redacción. En la Biblia hebrea figura entre los Escritos, no entre los Profetas. La Septuaginta añade tres textos: la oración de Azarías y el cántico de los tres jóvenes en el horno, tras 3:23, y las historias de Susana y de Bel y el dragón. Católicos y ortodoxos los consideran parte de la Biblia, y los protestantes, como la RV1909, no. La traducción griega original de Daniel difería tanto del hebreo en los capítulos 4-6 que las iglesias la sustituyeron por la versión de Teodoción; la antigua solo se conserva en muy pocos manuscritos, como el papiro 967.
Resumen completo
Contiene spoilers: cuenta toda la historia, incluido el final.
En tiempos de Nabucodonosor, varios jóvenes nobles de Judá son llevados a Babilonia para servir en la corte. Entre ellos están Daniel, Ananías, Misael y Azarías, a quienes dan nombres babilonios: Beltsasar, Sadrach, Mesach y Abed-nego. Se niegan a comer los manjares del rey para no contaminarse, se alimentan de legumbres y aun así resultan los más sanos y sabios de todos.
Nabucodonosor sueña con una estatua de cabeza de oro, pecho de plata, vientre de bronce y piernas de hierro con pies de hierro y barro, a la que una piedra desprendida sin mano derriba. Solo Daniel sabe contarle el sueño y explicárselo: son cuatro reinos sucesivos que serán sustituidos por un reino de Dios que no tendrá fin. Después, el rey levanta una estatua de oro y manda adorarla. Los tres compañeros se niegan y son arrojados a un horno ardiente, pero salen ilesos, y el rey ve con ellos a un cuarto personaje.
En otro sueño, Nabucodonosor ve un árbol enorme que es talado. Daniel le explica que el rey perderá la razón, y así ocurre: vive como una bestia en el campo hasta reconocer el poder de Dios. Más tarde, su sucesor Belsasar celebra un banquete bebiendo en los vasos robados del templo de Jerusalén. Una mano escribe en la pared «MENE, MENE, TEKEL, UPHARSÍN», y Daniel lo interpreta: su reino ha sido pesado y entregado a medos y persas. Esa misma noche Belsasar muere.
Bajo Darío de Media, los rivales de Daniel consiguen un decreto que prohíbe rezar a nadie salvo al rey. Daniel sigue orando tres veces al día hacia Jerusalén y es arrojado al foso de los leones, pero un ángel les cierra la boca. El rey lo saca y arroja allí a sus acusadores.
Desde el capítulo 7, Daniel habla en primera persona. Ve cuatro bestias que salen del mar, la última con diez cuernos y un cuerno pequeño que habla con arrogancia. Un Anciano se sienta a juzgar, las bestias son destruidas y a «uno como un hijo de hombre», que llega con las nubes, se le da un reino eterno que compartirán «los santos del Altísimo». En otra visión, un macho cabrío, que es el rey de Grecia, derriba a un carnero, que es Media y Persia, y de él surge un cuerno que suprime el sacrificio diario en el templo.
En el capítulo 9, Daniel medita sobre los setenta años de desolación anunciados por Jeremías y pide perdón por los pecados del pueblo. El ángel Gabriel le revela que se trata de «setenta semanas» de años. La última visión, en los capítulos 10 a 12, repasa con detalle las guerras entre el «rey del norte» y el «rey del mediodía», hasta un rey que profanará el templo y pondrá en él «la abominación espantosa».
Al final llegará un tiempo de angustia sin precedentes, en el que el ángel Miguel defenderá al pueblo. «Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados», unos para la vida eterna, otros para la vergüenza. Daniel pregunta cuándo será, y recibe cifras enigmáticas de días. El libro termina con una promesa personal: «reposarás, y te levantarás en tu suerte al fin de los días».