Nuevo Testamento · Cartas de Pablo
Colosenses
Atribuido a Pablo
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De qué trata
Es una carta a la comunidad de Colosas, una pequeña ciudad de Asia Menor, preocupada por una enseñanza que mezclaba prácticas judías, visiones, culto a los ángeles y normas ascéticas. Frente a ella, la carta proclama la superioridad de Cristo sobre todos los poderes del universo y saca de ahí consecuencias para la vida diaria. Incluye también unas normas para la familia y una lista de saludos.
Por qué importa
Su himno a Cristo como «imagen del Dios invisible» y «primogénito de toda criatura», por quien fueron creadas todas las cosas, es una de las bases de la reflexión cristiana sobre la divinidad de Cristo. Su advertencia contra las «filosofías y vanas sutilezas» se citó durante siglos en los debates sobre la relación entre la fe y la razón. Es la primera carta del Nuevo Testamento con normas domésticas, que luego desarrolló Efesios.
Para quién es
Para el lector interesado en cómo el cristianismo primitivo se enfrentó a otras corrientes religiosas de su entorno y en el desarrollo de sus ideas sobre Cristo. Es breve y bastante clara. Gana si se lee junto con Filemón, con la que comparte personajes, y con Efesios.
Mirad que ninguno os engañe por filosofías y vanas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los elementos del mundo, y no según Cristo: (2:8)
Personajes
- Pablo
- Remitente de la carta, que escribe preso a una comunidad que no conoce en persona.
- Timoteo
- Colaborador que figura como corremitente.
- Epafras
- Fundador de la comunidad de Colosas y compañero de Pablo.
- Tichîco
- Portador de la carta y de noticias de Pablo.
- Onésimo
- Hermano «amado y fiel» de Colosas, el mismo esclavo de la carta a Filemón.
- Aristarchô
- Compañero de prisión de Pablo que envía saludos.
- Marcos
- Sobrino de Bernabé, colaborador de Pablo.
- Lucas
- Llamado «el médico amado», al que la tradición atribuye el tercer evangelio.
- Archîpo
- Miembro de la comunidad al que se le recuerda cumplir su ministerio.
- Colosas
- Pequeña ciudad del valle del Lico, en Frigia, Asia Menor.
- Laodicea
- Ciudad vecina y más rica, a cuya iglesia también se dirige un mensaje.
Contexto
El autor
La carta se presenta como de Pablo y Timoteo. Los especialistas están divididos: muchos la consideran deuteropaulina, escrita por un discípulo tras la muerte de Pablo, por sus diferencias de estilo (frases largas, vocabulario propio) y de ideas, como la Iglesia universal como cuerpo de Cristo o la resurrección como algo ya ocurrido; otros la defienden como auténtica, quizá redactada por un secretario como Timoteo. A su favor está la estrecha relación con Filemón, que comparte casi los mismos nombres. Es, en todo caso, la más cercana a Pablo de las cartas discutidas.
La época
Si es de Pablo, se escribió desde una prisión, en Roma hacia el año 60–62 o en Éfeso algo antes; si no, hacia el 70–80. Colosas era una ciudad en decadencia en el valle del Lico, en Frigia, junto a Laodicea y Hierápolis; un terremoto, que Tácito sitúa hacia el año 60, dañó gravemente la zona. La enseñanza combatida en la carta es difícil de identificar: se han propuesto un judaísmo místico, cultos locales a los ángeles, ideas precursoras del gnosticismo o una mezcla de todo ello.
El texto y sus manuscritos
El manuscrito más antiguo es el papiro P46, de hacia el año 200, seguido de los Códices Sinaítico y Vaticano, del siglo IV. El texto está bien conservado. La carta «de Laodicea» mencionada en 4:16 se perdió; algunos piensan que es la que hoy llamamos Efesios, y circuló en latín una breve «Carta a los laodicenses» que se considera una falsificación tardía. El Nuevo Testamento de la RV1909 sigue el *Textus Receptus*, que añade al final una nota de copista sobre el lugar de redacción.
Resumen completo
Contiene spoilers: cuenta toda la historia, incluido el final.
Pablo y Timoteo saludan a los creyentes de Colosas y dan gracias por su fe, que conocieron por Epafras, el fundador de la comunidad. Piden que crezcan en conocimiento y recuerdan que Dios los ha trasladado de las tinieblas al reino de su Hijo. Sigue un himno: Cristo es la imagen del Dios invisible, por quien y para quien fueron creadas todas las cosas, visibles e invisibles, la cabeza de la Iglesia y el primero en resucitar, en quien Dios quiso reconciliar consigo todas las cosas.
Pablo habla de sus sufrimientos por la Iglesia y de su tarea de anunciar un misterio escondido durante siglos: Cristo en medio de los gentiles. Advierte que nadie los engañe con filosofías y tradiciones humanas, porque en Cristo habita toda la plenitud de la divinidad. Con su muerte, Cristo canceló la deuda que había contra ellos y despojó a los principados y potestades.
Por eso, dice, nadie debe juzgarlos por lo que comen o beben, por fiestas, lunas nuevas o sábados, ni imponerles el culto a los ángeles o normas como «no manejes, ni gustes, ni aun toques», que no sirven contra los deseos de la carne. En cambio, deben buscar «las cosas de arriba», abandonar la avaricia, la ira y la mentira, y vestirse de compasión, humildad y perdón, porque en la nueva humanidad ya no hay griego ni judío, bárbaro ni escita, siervo ni libre.
Siguen normas para la casa: las mujeres deben estar sujetas a sus maridos y los maridos amarlas; los hijos, obedecer a sus padres; los siervos, obedecer a sus amos, y los amos tratarlos con justicia. Pide perseverar en la oración y tratar con sabiduría a los de fuera.
La carta termina con noticias y saludos. Tichîco, junto con Onésimo, llevará la carta. Saludan Aristarco, Marcos, Epafras, Lucas «el médico amado» y Demás. Pide que se lea también en Laodicea y que los colosenses lean la carta enviada a esa ciudad, y recuerda a Archîpo su ministerio. Pablo firma de su puño: «Acordaos de mis prisiones».