Nuevo Testamento · Cartas de Pablo
2 Timoteo
Atribuido a Pablo
- 9 min
- Fácil
De qué trata
Es la más personal de las cartas pastorales: un Pablo preso, abandonado por casi todos y convencido de que va a morir, escribe a su discípulo Timoteo. Le pide que no se avergüence de él, que guarde la enseñanza recibida, que soporte las dificultades y que venga a verlo pronto.
Por qué importa
Funciona como el testamento literario de Pablo, y frases como «He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe» se han usado en funerales, discursos y epitafios. Su afirmación de que «toda Escritura es inspirada divinamente» (3:16) se convirtió en uno de los textos centrales de la doctrina cristiana sobre la Biblia. Sus detalles cotidianos, como el capote olvidado en Troas o los pergaminos, le dan una humanidad poco común.
Para quién es
Para quien quiera leer una despedida emotiva, breve y sencilla. También para el lector interesado en el debate sobre la autoría de las cartas de Pablo, porque es la pastoral que más parece personal. No requiere preparación.
He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. (4:7)
Personajes
- Pablo
- Remitente, que escribe preso y abandonado, sabiendo que se acerca su muerte.
- Timoteo
- Discípulo querido de Pablo, al que pide que venga a verlo pronto.
- Loida
- Abuela de Timoteo, de quien este heredó la fe.
- Eunice
- Madre de Timoteo, también creyente.
- Onesíforo
- Creyente que buscó a Pablo en Roma y no se avergonzó de sus cadenas.
- Himeneo
- Maestro que, según la carta, decía que la resurrección ya había ocurrido.
- Demás
- Antiguo colaborador que abandonó a Pablo «amando este siglo».
- Lucas
- El único compañero que sigue con Pablo.
- Marcos
- Colaborador al que Pablo pide que Timoteo traiga consigo.
- Alejandro
- El calderero, que causó muchos males a Pablo.
- Prisca
- Colaboradora de Pablo, la Priscila de Hechos, saludada junto con Aquila.
- Roma
- Ciudad donde Pablo está preso, según la carta.
Contexto
El autor
La carta se presenta como de Pablo. Junto con 2 Timoteo y Tito forma el grupo de las «cartas pastorales», llamadas así desde el siglo XVIII porque dan instrucciones a pastores de comunidades. La gran mayoría de los especialistas cree que no las escribió Pablo, sino un seguidor que usó su nombre décadas después de su muerte. Las razones son su vocabulario y estilo, muy distintos de las cartas indiscutidas; una organización de la Iglesia, con obispos, ancianos y diáconos, propia de una época posterior; su forma de entender la fe como un depósito de doctrina que hay que guardar; y que los viajes que suponen no encajan con lo que se sabe de la vida de Pablo. Una minoría defiende su autenticidad, a veces con la ayuda de un secretario, y las sitúa en una supuesta segunda etapa de misión tras una liberación de Pablo en Roma. En el caso de 2 Timoteo, algunos estudiosos que niegan la autoría de las otras dos admiten que pudo conservar fragmentos de notas auténticas de Pablo, como los encargos personales del capítulo 4.
La época
Si es pseudónima, se escribió hacia el año 100, probablemente en Asia Menor, cuando la generación de los apóstoles había desaparecido y las comunidades querían conservar su herencia. La carta adopta la forma del «testamento», un género conocido en la literatura judía, en el que un personaje ilustre se despide antes de morir. La tradición, que sigue a la carta, sitúa su redacción en la última prisión de Pablo en Roma, poco antes de su ejecución bajo Nerón, hacia el año 64–67.
El texto y sus manuscritos
Las pastorales no aparecen en el papiro P46 (hacia el año 200), que reúne las cartas de Pablo, ni en el canon de Marción, del siglo II, y el Códice Vaticano, incompleto, también carece de ellas. Ireneo las cita hacia el año 180. Los manuscritos completos más antiguos son el Códice Sinaítico (siglo IV) y el Alejandrino (siglo V). El Nuevo Testamento de la RV1909 sigue el *Textus Receptus*, que añade al final una nota de copista con datos de la tradición posterior.
Resumen completo
Contiene spoilers: cuenta toda la historia, incluido el final.
Pablo saluda a Timoteo, «amado hijo», y recuerda con lágrimas su despedida y la fe que heredó de su abuela Loida y su madre Eunice. Le pide que reavive el don recibido y que no se avergüence de dar testimonio ni de Pablo, preso por el evangelio. Cuenta que todos los de Asia lo han abandonado, excepto Onesíforo, que lo buscó en Roma hasta encontrarlo.
Le pide que transmita la enseñanza a personas fieles y que sufra penalidades como buen soldado, atleta o labrador. Le recuerda que, si morimos con Cristo, también viviremos con él. Debe evitar las discusiones de palabras y las «profanas y vanas parlerías», como las de Himeneo y Fileto, que dicen que la resurrección ya ha ocurrido, y comportarse con mansedumbre con quienes se oponen.
Anuncia que en los últimos días habrá hombres egoístas, avaros, soberbios y traidores, «amadores de los deleites más que de Dios», que tendrán apariencia de piedad pero negarán su eficacia. Timoteo, en cambio, ha seguido el ejemplo de Pablo en las persecuciones y conoce las Sagradas Escrituras desde la niñez; toda Escritura, dice, es inspirada y útil para enseñar y corregir.
Le encarga predicar a tiempo y fuera de tiempo, porque vendrán tiempos en que la gente buscará maestros a su gusto. Pablo siente cercana su muerte: «He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe», y espera la corona de justicia.
Termina con noticias y encargos: Demás lo ha abandonado, otros se han ido a distintas regiones y solo Lucas está con él. Pide que Timoteo traiga a Marcos, el capote que dejó en Troas y los libros, sobre todo los pergaminos. Advierte contra Alejandro el calderero y cuenta que en su primera defensa nadie lo ayudó, pero el Señor lo libró «de la boca del león». Envía saludos a Prisca y Aquila y le pide venir antes del invierno.