Nuevo Testamento · Cartas de Pablo
2 Tesalonicenses
Atribuido a Pablo
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De qué trata
Es una carta breve a la comunidad de Tesalónica, angustiada por la persecución y confundida por quienes decían que «el día del Señor» ya había llegado. La carta responde que antes deben ocurrir ciertos sucesos, entre ellos la aparición de un misterioso «hombre de pecado». También reprende a los miembros que han dejado de trabajar.
Por qué importa
Su enigmático pasaje sobre el «hombre de pecado» y sobre «el que ahora impide» su llegada (en griego, *katéjon*) alimentó durante siglos las especulaciones sobre el Anticristo y la teología política: desde los Padres de la Iglesia, que lo identificaban con el Imperio romano, hasta el jurista alemán Carl Schmitt en el siglo XX. Su frase «si alguno no quisiere trabajar, tampoco coma» llegó a citarse en la Constitución soviética de 1936.
Para quién es
Para el lector curioso por la historia de las ideas sobre el fin del mundo y por los debates de autoría en el Nuevo Testamento. Es muy breve. Conviene leerla después de 1 Tesalonicenses, para comparar.
Porque aun estando con vosotros, os denunciábamos esto: Que si alguno no quisiere trabajar, tampoco coma. (3:10)
Personajes
- Pablo
- Remitente de la carta, que la firma de su mano como prueba de autenticidad.
- Silvano
- Compañero de Pablo, que figura como corremitente.
- Timoteo
- Colaborador de Pablo, también corremitente.
- hombre de pecado
- Figura enigmática que, según la carta, aparecerá antes del fin y se sentará en el templo como si fuera Dios.
- Satanás
- El adversario, de cuyo poder procederán las señales engañosas del «inicuo».
Contexto
El autor
Es una de las cartas de autoría más discutida, y los especialistas están divididos casi a partes iguales. A favor de Pablo están la tradición, el estilo y la presencia de Silvano y Timoteo. En contra, que repite la estructura y frases de 1 Tesalonicenses como si la imitara; que su visión del fin, con un calendario de señales previas, choca con la de 1 Tesalonicenses, donde llega de improviso; y que insista en la firma de Pablo y advierta contra cartas falsas (2:2 y 3:17), algo que muchos interpretan como señal de que es ella misma pseudónima.
La época
Si es de Pablo, se escribió poco después de 1 Tesalonicenses, hacia el año 51, desde Corinto. Si es de un discípulo, se escribió hacia el 80–100, cuando el retraso del regreso de Cristo obligaba a explicar por qué el fin aún no había llegado. Su imagen de alguien que se sienta en el templo como Dios recuerda episodios reales, como el intento del emperador Calígula de colocar su estatua en el templo de Jerusalén en el año 40, y la tradición apocalíptica judía de Daniel.
El texto y sus manuscritos
Los testimonios más antiguos son pequeños fragmentos en papiro de los siglos III y IV, como el P30 y el P92, porque las páginas finales del P46 se han perdido; los primeros manuscritos completos son los Códices Sinaítico y Vaticano, del siglo IV. El texto está bien conservado. El Nuevo Testamento de la RV1909 sigue el *Textus Receptus*, que añade al final una nota de copista que la sitúa en Atenas.
Resumen completo
Contiene spoilers: cuenta toda la historia, incluido el final.
Pablo, Silvano y Timoteo saludan a la iglesia de los Tesalonicenses y dan gracias por su fe y su paciencia en medio de la persecución. Les aseguran que Dios hará justicia: cuando Jesús se manifieste desde el cielo con sus ángeles, en llama de fuego, castigará a quienes los afligen.
Les piden que no se alarmen por ningún espíritu, palabra o «carta como nuestra» que diga que el día del Señor está cerca o ya ha llegado. Antes tiene que llegar la apostasía y manifestarse «el hombre de pecado, el hijo de perdición», que se opondrá a todo lo divino y se sentará en el templo de Dios haciéndose pasar por Dios. Algo, o alguien, lo retiene por ahora; cuando sea quitado de en medio, se manifestará el inicuo con señales engañosas por obra de Satanás, y el Señor lo destruirá con el aliento de su boca.
La carta da gracias porque Dios eligió a los lectores para la salvación y les pide mantener las tradiciones que aprendieron «por palabra, o por carta nuestra». Pide oraciones por los misioneros.
En el último capítulo ordena apartarse de los hermanos que viven «fuera de orden», sin trabajar y entrometiéndose en todo. Recuerda que Pablo y sus compañeros trabajaron día y noche para dar ejemplo, y repite la norma que les dieron: quien no quiera trabajar, que no coma. A quien no obedezca, que lo eviten, pero sin tratarlo como enemigo. Pablo firma de su mano, como «signo en toda carta», y se despide con una bendición.