Biblioteca Universal
2 Crónicas Anónimo (el Cronista)

Antiguo Testamento · Libros históricos

2 Crónicas

Anónimo (el Cronista)

Siglo IV a. C. · Judea

  • 2 h 20 min
  • Media

De qué trata

Continúa la historia de 1 Crónicas desde el reinado de Salomón, centrado en la construcción y la dedicación del templo. Tras la división del reino sigue solo a los reyes de Judá, descendientes de David, y juzga a cada uno según su fidelidad, con premios y castigos inmediatos. Termina con la destrucción de Jerusalem por Babilonia y, en sus últimos versículos, con el decreto de Ciro que permite volver a reconstruir el templo.

Por qué importa

Es la otra versión de la historia que cuentan los libros de Reyes, y su comparación muestra cómo una comunidad reinterpretó su pasado después del exilio. Algunos de sus episodios propios, como el arrepentimiento del rey Manasés, dieron lugar a textos célebres, como la «Oración de Manasés». En la Biblia hebrea es el último libro, de modo que el canon judío termina con una invitación a volver: «Jehová su Dios sea con él, y suba».

Para quién es

Para quien ya conoce Reyes y quiere ver cómo se cuenta la misma historia con otro propósito, o para quien se interese por la historia del templo de Jerusalem. Es más narrativo que 1 Crónicas, aunque repite mucho material de Reyes.

Judaísmo del Segundo Templo Para pensarÉpico PoderFeGuerraExilio

Creed a Jehová vuestro Dios, y seréis seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados. (20:20)

Personajes
Salomón
Rey sabio y rico que construye y dedica el templo de Jerusalem.
Hiram
Rey de Tiro que envía a Salomón madera y artesanos.
Roboam
Hijo de Salomón, bajo cuyo reinado se separan las tribus del norte.
Jeroboam
Primer rey del reino del norte, que el libro presenta como un rebelde.
Asa
Rey de Judá que reforma el culto pero termina desconfiando de Dios.
Josaphat
Rey de Judá que nombra jueces y vence a sus enemigos con un ejército que canta.
Athalía
Reina usurpadora de Judá, hija de la casa de Achâb.
Joas
Rey que restaura el templo y después manda apedrear al hijo del sacerdote que lo salvó.
Uzzías
Rey poderoso castigado con la lepra por querer quemar incienso en el templo.
Ezechîas
Rey que purifica el templo, celebra una gran Pascua y resiste a Sennachêrib.
Manasés
Rey idólatra que, según este libro, se arrepiente tras ser llevado cautivo a Babilonia.
Josías
Rey reformador que muere en batalla contra el faraón Nechâo.
Jeremías
Profeta que llora la muerte de Josías y anuncia setenta años de destierro.
Nabucodonosor
Rey de Babilonia que destruye Jerusalem y su templo.
Ciro
Rey de los persas que, al final del libro, permite el regreso a Jerusalem.
Contexto

El autor

El Talmud atribuye las Crónicas a Esdras, y durante mucho tiempo se pensó que un mismo autor, «el Cronista», había escrito también Esdras y Nehemías, porque el final de 2 Crónicas y el comienzo de Esdras repiten el mismo decreto de Ciro. Desde los estudios de Sara Japhet (1968) y H. G. M. Williamson (1977), muchos especialistas creen que son obras distintas, aunque de ambientes cercanos. El autor, probablemente un levita de Jerusalem, escribió hacia el siglo IV a. C., en la época persa o a comienzos de la helenística: la genealogía de David se prolonga varias generaciones después del exilio. Su fuente principal fueron los libros de Samuel y Reyes, que copia a veces palabra por palabra y otras corrige, resume u omite; cita además otros escritos, hoy perdidos, de «videntes» y profetas. En 2 Crónicas el autor omite casi toda la historia del reino del norte y añade episodios propios, como el cautiverio y la conversión de Manasés o el ejército que vence cantando en tiempos de Josaphat.

La época

Cuando se escribió, Judá era una pequeña provincia del Imperio persa, Yehud, sin rey, centrada en Jerusalem y en su templo reconstruido. El Cronista vuelve a contar la historia de la monarquía para esa comunidad: David y Salomón aparecen como fundadores del culto del templo más que como guerreros, los levitas y cantores ocupan un lugar destacado y cada generación recibe su recompensa o su castigo en vida, según su fidelidad. Su obra no es una crónica neutral sino una relectura teológica del pasado; aun así, algunos datos que no están en Reyes, como el túnel de Ezechîas o ciertas fortificaciones, podrían proceder de fuentes antiguas.

El texto y sus manuscritos

Se escribió en hebreo, con rasgos del hebreo tardío. La base de las traducciones es el texto masorético, con el Códice de Leningrado (1008) y el Códice de Alepo (c. 930). En la Biblia hebrea, Crónicas era un solo libro y suele ir al final de todo el canon; la Septuaginta lo dividió en dos y lo tituló «Paralipómenos», «cosas omitidas», porque lo entendió como un suplemento de Samuel y Reyes. Entre los Rollos del Mar Muerto solo se ha identificado un pequeño fragmento. La RV1909 traduce del hebreo.

Resumen completo

Contiene spoilers: cuenta toda la historia, incluido el final.

En Gabaón, Salomón pide a Dios sabiduría para gobernar y recibe además riquezas y gloria. Con la ayuda de Hiram, rey de Tiro, construye el templo en el monte Moría, en la era de Ornán. En la dedicación, cuando los levitas tocan y cantan, una nube llena la casa; Salomón pronuncia su oración, cae fuego del cielo sobre los sacrificios, y Dios le responde: «Si se humillare mi pueblo […] yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra». La reina de Seba lo visita, y el relato de su reinado termina sin mencionar a sus esposas extranjeras ni su idolatría.

A la muerte de Salomón, Roboam endurece el trato a las tribus del norte, y estas se separan con Jeroboam. Desde entonces el libro solo sigue a Judá, y presenta al reino del norte como apartado de Dios. Los sacerdotes y levitas del norte se pasan a Judá. El faraón Sisac saquea Jerusalem; el rey Abías vence a Jeroboam con un discurso sobre la legitimidad de la casa de David, y Asa reforma el culto y obtiene grandes victorias, aunque al final busca la ayuda de Siria y de los médicos en lugar de la de Dios.

Josaphat envía levitas a enseñar la ley por las ciudades y nombra jueces, advirtiéndoles que juzguen sin parcialidad ni sobornos. Cuando una gran coalición de amonitas, moabitas y edomitas ataca Judá, el pueblo ayuna, un levita profetiza la victoria y el ejército sale precedido de cantores; los enemigos se matan entre sí. Pero su alianza con la casa de Achâb trae desgracias: su hijo Joram se casa con Athalía, hija de la casa de Achâb, y ella, al morir su propio hijo, el rey Ochôzías, se apodera del trono tras matar a los herederos, hasta que el sacerdote Joiada corona al niño Joas.

Joas restaura el templo mientras vive Joiada, pero después se aparta de Dios y manda apedrear en el atrio del templo a Zacarías, hijo del mismo sacerdote que lo había salvado. Amasías vence a los edomitas y adora a sus dioses; Uzzías es un rey poderoso, constructor y guerrero, pero se enorgullece, entra en el templo a quemar incienso, una tarea reservada a los sacerdotes, y le brota la lepra en la frente. Achâz cierra el templo y sufre derrotas.

Ezechîas recibe mucho más espacio que en Reyes: reabre y purifica el templo y celebra una gran Pascua a la que invita también a los restos del reino del norte, ya destruido por Asiria. Cuando Sennachêrib invade Judá, Ezechîas tapa las fuentes y desvía las aguas de Gihón dentro de la ciudad, y Dios envía un ángel que destruye el ejército asirio.

Manasés llena el país de ídolos, pero este libro añade algo que Reyes no cuenta: los asirios lo llevan encadenado a Babilonia, allí se humilla y ora, Dios lo devuelve a Jerusalem y él se convierte y quita los dioses extraños. Josías, su nieto, reforma el culto, encuentra el libro de la ley en el templo y celebra una Pascua sin igual; muere en Megiddo al enfrentarse al faraón Nechâo, a pesar de que este le advierte que Dios no quiere esa guerra, y Jeremías compone lamentaciones por él.

Los últimos reyes desoyen a los profetas, y los sacerdotes y el pueblo contaminan el templo. Nabucodonosor, rey de los caldeos, mata a los jóvenes, quema la casa de Dios, derriba las murallas de Jerusalem y se lleva a los supervivientes a Babilonia, donde son siervos hasta el reino de los persas. Así se cumple la palabra de Jeremías: la tierra descansa durante setenta años, como si guardara los sábados que no había guardado.

El libro termina con el primer año de Ciro, rey de los persas, que proclama por todo su reino que el Dios de los cielos le ha encargado edificarle una casa en Jerusalem, y concluye: «¿Quién de vosotros hay de todo su pueblo? Jehová su Dios sea con él, y suba». Las mismas palabras abren el libro de Esdras.

Dominio público. Reina-Valera, revisión de 1909, vía eBible.org; acentuación modernizada. Números Strong de la misma edición.